Decisiones desde el escritorio. Otra más del no circula en la CDMX

Si no fuera por la alarma que me causa, me daría risa. Respirar aire de mala calidad no es un chiste. No obstante, parece que las personas que toman decisiones al respecto en la Ciudad de México lo hacen de forma alegre sin pasar por el tamiz del análisis. Es tan cómodo reunirse a debatir en una oficina con asientos de cuero y escritorios de maderas finas que se les olvida pensar en la posibilidad de salir a la calle, observar, poner a prueba sus hipótesis, utilizar el método científico y verificar si lo que se les ocurre en el despacho funciona en la calle. 

Desde el escritorio, agitan el avispero del resentimiento: que los comodinos dejen el coche un dia a la semana, que se den un baño de pueblo y se enteren de lo que se siente subirse al transporte público. En el acto, miles de focas reaccionan aplaudiendo una medida tan acertada, tan ecologista, tan verde y tan vanguardista. En el pináculo de la egolatría, los funcionarios se regodean en su sabiduría. Desestiman la Historia que ya probó que el Programa Hoy no Circula no le funcionó al entonces regente Manuel Camacho Solís, desestiman los muchos estudios que dieron cuenta del fracaso monumental de semejante iniciativa y dejan de escuchar las voces de científicos que advierten el fracaso monumental de sus imposiciones. 

Es muy fácil decretar medidas en contra de ciudadanos que no tienen fuerza para revelarse. La voz de la ciudadanía no se escucha en esos escritorios. Y, ni con buenas razones se les hace entender. Lo peor es que el costo político no se ve reflejado en las urnas. Así somos. El Programa Hoy no Circula no funciona porque el transporte público es insuficiente y no constituye una alternativa real. Cambiar auto por bicicleta le implicaría a una persona que vive en La Quebrada y trabaja en la colonia Del Valle salir con seis horas de anticipación, ¿a qué hora dormirá si tiene que pedalear doce horas para salir y regresar a casa si también tiene que trabajar? El parque vehicular aumenta con estas medidas simplonas y el problema se complica.

Sin duda, es más fácil aventarle el problema a los automovilistas que buscar medidas que sí resolverían los temas de la calidad del aire. Pero hay que aparentar que los señores trabajan para que cobren un sueldo. Por qué no meterle mano a las manifestaciones que bloquean la circulación y aumentan las emisiones contaminantes, por qué no cuidar que las unidades de transporte público, vehículos oficiales, camiones de recolección de basura estén afinados y no emitan humo, por qué no escuchar lo que tienen que decir los estudios de ingeniería de tránsito de la UNAM para sincronizar en forma inteligente los semáforos, por qué no reconsiderar las velocidades de crucero del nuevo reglamento de tránsito.

¿Por qué no abren los oídos? 

Pero no se vale emitir quejas sin dar alternativas. También hay medidas implementables que ayudarían a la mejora de la calidad del aire, por ejemplo, el abastecimiento de mercancías a tiendas de conveniencia y abarrotes podría hacerse en las noches. Los vehículos de carga deberían circula en horarios especiales. La recolección de basura podría hacerse después de las veinte horas. Las actividades de bacheo deberian hacerse en las madrugadas. 

Pero, en plena contingencia, los camiones recolectores obstruyeron la circulación, las actividades de bacheo estorbaron al flujo vehicular, los camiones repartidores se pararon a media calle sin ningún problema. Por desgracia, los funcionarios no se percatan de eso porque no salen a vivir y a verificar lo que sucede más allá de los escritorios.

Un ejemplo, la calle de Patricio Sanz en el tramo de Viaducto a Ángel Urraza: la circulación vehicular de redujo porque se dio un carril para los ciclistas. La velocidad disminuye no sólo por ello, sino porque al tratar de avanzar, ciclistas y automovilistas encuentran varios obstáculos: al señor barrendero que oscila entre un carril y el otro, la mamá que despide a su hijo en la puerta de la escuela y le da siete veces la bendición, el semáforo que da prioridad a los ejes viales, la patrulla que se estaciona en doble fila para que el agente de tránsito se pueda echar sus taquitos de canasta, el camión de refrescos que está bajando las rejas y se estacionó invadiendo media calle, la motoneta que va entregando el periódico, el auto que está parado sobre la banqueta y que hace que los peatones bajen al arrollo vehicular. Todos invadiendo y estorbando al otro. Un desorden.

Claro, el ciclista invade el carril de los vehículos y viceversa, el peatón circula por la calle y las bicis por la banqueta poniendo en riesgo a unos y otros, causando riesgos de vida por accidente y generando mayor contsminación. Dejar de circular un día no alivia estos problemas. Ponerles órden sí. 

Desde luego, eso sí que requiere que los funcionarios salgan de sus oficinas, dejen sus escritorios y se pongan a trabajar. Requiere creatividad más que la facilidad de la prohibición. Eso sí que está difícil, por lo tanto, optan por medidas retrogradas que ya dieron evidencia de la limitada solución. Lo triste es que ni cuenta se dan, desde su bello escritorio todo luce de maravilla.

  

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