Traidores

Estamos en la cuarta zona del noveno círculo, esa que se denominó el Hielo del Cocito. Ahí en ese mismo lugar el el que Dante decidió poner a los peores traidores de la Historia, a aquellos que mordieron la mano de sus benefactores, a los que levantaron las armas contra los que fueron buenos, a los que vendieron a su maestro, a los que recibieron monedas a cambio de un beneficio que les valió el premio del Infierno.

En el último canto de Infierno, acompañando a Dante y a Virgilio, después de haber descendido a lo más oscuro, encontramos a Belsebú, principio de todo mal. Ahí, la inscripción en latín, advierte: las señales del mal avanzan. Nos será permitido ver, la cortina se decorrerá y nos permitirá la visión del horror máximo. Entre la neblina, se percibe algo que parece una gran fortaleza, tal vez un molino. Es el monstruo. Una ráfaga helada estremece el alma. Las sombras de los condenados están cubiertas de hielo, son agujas transparentes, son montículos de paja helada que pesan sobre su espalda. Les traspasan la piel.

Cada traidor está en posición distinta, unos con la cabeza entre los pies, otros con  el cuerpo hecho un arco inverso, unos con la nariz enterrada en el suelo, cada uno, dependiendo del grado de traición y culpa sufre una incomodidad severa, tienen un rictus de dolor que corresponde en sentido inverso al premio que prtendieron obtener al pepretrar la traición. Pero, Dante no les da voz, están perrificados, callados, no pueden lamentar su culpa. Ni siquiera eso pueden

La visión culminante del Infierno muestra a un demonio atrapado por el hielo hasta el pecho, derrotado y abatido. Impotente ante Dios. Un diablo de tres cabezas que desprende odio, ignorancia e imposibilidad. Cada cabeza tiene una boca que masca a los peores traidores de la Humanidad. El peor está en el centro: es Judas Iscariote.

Del hocico de Belcebú, caen babas sanguinolentas. El castigo es mascar eternamente al traidor maldito. Remorderlos. El castigo es para los más grandes traidores: el que por sentirse tan bello, traicionó a Yaveh y el que por amor al dinero traicionó a Jesús. El traidor es el peor de los pecadores en la Comedia de Dante. En la vida también.

Un traidor cambia la bondad de su benefactor por un bien que imagina superior pero en lugar de pedirlo por la buena, elige la traición. Enterrar una daga por la espalda, recibir monedas es igual que volver la espalda, que hablar mal del que hizo bien, de devolver maldad al que entregó lo bueno. La peor de las traciones se perpetró un jueves antes de que fuera viernes. En una cena entre amigos. Al tomar el pan de la misma canasta que lo hizo su maestro. Así empiezan las grandes deslealtades, en la cotidianidad del que estando bien quiere estar mejor eligiendo el mal camino.

Judas Isacriote salió con el estómago lleno de cenáculo, pero con el corazón frío. Fue a recibir su paga y en Getsemaní cumplió su parte del trato. El peor de los pecados es la tradición.  El peor de los castigos es ese reflejo que encandila hasta llevar a la confusión de creer que levantar el brazo y estirar la mano para recibir algo a cambio de abjurar, apostatar, de obrar en contra de quien fue bueno. Ese brillo que obnubila la mente dura poco. El estigma del traidor queda en su mirada. 

El desasosiego es el premio del traidor. Belsebú los muerde y los muerde, tal vez no como Dante cree, tal vez no como el mundo los ve. Muchos traidores van caminando por el mundo, aparentemente impunes. Así se fue Judas Iscariote caminando con las monedas de oro en el bolsillo. Pero le pesaron mucho. Cada traidor enontrará una rama y terminará colgado de ella, con los pies al aire, girando sobre su propio eje. Real o metafóricamente. Todos, sin excepción tratando de justificar lo que hicieron, sentirán el frío del que habla Dante y, también, la mordidas de aquel que siendo bello se convirtió en el peor de los monstruos.

  

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Serafin Ramos
    Mar 29, 2016 @ 11:55:25

    Tan real y comprensible, es como mirarse al espejo y decir….alguna vez lo he visto y no quiero volverlo a ver; kairospatas que dejaron sombras en mi pasado.

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