Obama en Cuba

Así como Guillermo Cabrera Infante empieza su novela con el epígrafe de Lewis Carroll, y trató de imaginar cómo se vería la luz de la vela cuando está apagada, refiriéndose a una vida cubana que estaba desfalleciendo, usando la metáfora de ese momento en el que se acaba la luz y aún queda el fulgor que cederá a la oscuridad, con ese mismo ímpetu que da el último acorde de esa gran sinfonía, justo antes de la estridencia del aplauso, así de esa misma forma veo como la visita de Barack Obama tendrá efectos inmediatos en la isla. 

Como si pudiera sostener el tiempo con unas pinzas, al igual que Cabrera Infante, observo una nación que está a punto de cambiar. Esos muros de mar entre los que vivió encerrada la población cubana por años y años, esa promesa de la Revolución, esa necesidad extrema que busca canjear dignidad por un par de medias o por una pastilla de jabón, esos trajes remendados en El Tropicana, esa literatura asfixiada, esas canoas que se hacían a la mar en busca desesperada de un Miami lejano, esa nación dividida entre lo que sucede entre una Península y un régimen prolongado por años y heredado de familiar a familiar por tantas generaciones, todo Cuba está a punto de cambiar.

Ver a un presidente estadounidense que llega con mujer, hijas y suegra, repartiendo sonrisas y abriendo puertas son parte de ese imaginar una luz que se apagó por tantos años y que está a punto de volverse a encender. Los signos de los tiempos hablan. El presidente cubano no estuvo al pie de la escalerilla del Air Force 1 para recibir a su distinguidísimo invitado, ni le dio la bienvenida, hubo que esperar hasta el día siguiente para que ambos mandatarios pudieran hablar. ¿Cuál es la prisa? Qué más dan unas horas después de casi noventa años en que jn presidente de Estados Unidos no se parara por ahí. 

Guantánamo sigue ahí, a pesar de tantas promesas. El embargo se suavizó. No ha acabado. Las inversiones en el sector turístico empiezan a fluir. Sheraron ya compró el Hotel Inglaterra, ya se oueden hacer reservaciones en línea desde sitios estadounidenses, Google ya tendió líneas a la isla y los cruceros harán en Cuba algunas paradas. Habrá dinero que llegará a la isla. Obama sonríe y Castro se ríe. El juego cubano viene con sones y timbales. 

Han pasado muchos años. Los cubanos que salieron de la Habana y llegaron a Miami tienen tanto que decir sobre el regimen en la isla que tal vez prefieran guardar silencio en favor de la familia que se quedó. Muchos entienden que es mejor que la actividad económica llegue a Cuba y el progreso beneficie a sus primos y tíos. Tal vez ni los conozcan ni los recuerden ni los hayan visto jamás. Tal vez algunos tengan el ceño fruncido y el hígado inflamado porque Obama está a la mesa con Castro. 

Tal vez, lo ciero es que hoy, igual que Cabrera Infante, trato de imaginar como se verá la luz de la vela que iluminará a la isla, cuando esté encendida, una vez más. Dama y caballeros, con ustedes… sin trabalenguas, con la musicalidad de los cubanos, siento mucho gusto por lo que les va a llegar. Por fin. 

  

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