Regalo de mi abuela

Los caminos que tiene el amor son misteriosos. Hoy, veintiuno de marzo, día en que nace la primavera, también era cumpleaños de mi abuela materna a la que siempre llamé Mami Lolita. Fui su primera nieta y en esa condición, el que pega primero, pega dos veces. Ese sólo mérito me ganó ser su consentida y como un cariño tan grande no es esteril, en mí germinó otro que persiste aún después de la muerte. 

Mi Mami Lolita murió en 1994, el año en que me casé. Es curioso que después de tantísimo cariño que nos tuvimos, la sueño muy poco. El abismo que abre la muerte es profundo pero no definitivo. Para muestra un botón. Ayer, recibí un regalo de mi abuela.  Como siempre, el mas allá se consigue ángeles en la tierra que completen la tarea, en este caso fue mi prima La Güera.

Mi Mami Lolita tejía a gancho y lo hacía en forma espectacular. El dicho de rápido y bien, no ha habido quien de evapora ante las manos hábiles de mi abuela —no me gustó jamás decirle abuelita a una mujer tan hermosa que nunca dio signos de vejez mientras estuvo sana—. El ganchillo se movía a toda velocidad para dejar espacio a creaciones maravillosas. Lo mismo blusas de hilo, que bufandas de estambre, que vestiditos, capitas, cobijita de bebé o lo que se le ocurriera en esos momentos. El máximo de los regalos era un mantel. 

Sí, a pesar de la velocidad de tejido, un mantel requería de mucho tiempo y dedicación para quedar listo. Era tejer muchos cuadritos y luego ir uniendólos uno a uno. La recuerdo haciéndolo y explicándome la mística de semejante tarea. hay que hacerlo con cuidado, fijándote que todo coincida para disimular las costuras. Los manteles son como las familias, las uniones debes ser fuerte para que no se separen, incluso cuando tienes que tallar para que salga la mugre. Sus dos hijas, las únicas que tuvo, recibieron uno de estos manteles. Hoy, gracias a la generosidad de La Güera, yo, en el día del cumpleaños de mi Mami Lolita recibí uno. Uno de los dos que les dejó a sus hijas.

El que le correspondió a mi Tía Luz Elena está conmigo. Al ver el mentel, lo abracé como si la estuviera abrazando a ella. Mi sorpresa fue enormemente grata, entre los hilos todavía se conserva ese aroma tan especial del perfume de mi Mami Lolita. Sin duda, los caminos que unen el más allá con los que estamos acá son misteriosos. La unión de los hilos es tan fuerte que las puntadas se abren paso para dar cariño. Tal como ella me enseñó, es de bien nacido ser agradecido. Gracias, Güera. Gracias, Mami Lolita. ¡Feliz cumpleaños! Ya recibí tu regalo.

  

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