La pregunta de Desde la fe

¿Tiene el Papa razones para regañar a los obispos mexicanos?, se pregunta desde la editorial del seminario Desde la fe, medio oficial de la Arquidiócesis de México, y más que pregunta parece una patada de ahogado frente a la homilía que dirigió Francisco en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. También parece una reacción airada y disonante a las observaciones que Francisco hizo en el vuelo que lo llevó de vuelta a Roma después de su visita a tierras mexicanas.

No hay que irnos por las ramas. Independientemente de si el Santo Padre tiene razón o no para regañar al anfitrión en su propia casa, tiene jerarquía para hacerlo. Es él quien ocupa la Sede de San Pedro, a él le fue concedido el báculo para pastorear a la Iglesia Católica y los obispos le deben no nada más respeto, también obediencia. La verdad sea dicha, no se les ve muy obedientes. El Papa les pidio ser pastores con olor a oveja y cuestionar si el Papa tuvo o no razón para regañar a sus principes perfumados queda fuera de lugar.

Por fortuna, esta editorial se hace cargo de una realidad, los obispos se enteraron del regaño, menos mal. Me quedaba la sospecha de que ni siquiera se hubieran enterado. Con la editorial dan un acuse de recibo al mensaje papal. Tristemente, la reacción no es la que necesitamos los católicos. ¿De qué nos sirven líderes distantes, soberbios, ausentes, pertrechados detrás de un escritorio? De nada. ¿Cómo suben al púlpito a dirigirse a gente con la que ni se relacionan ni entienden? Lo gracioso es que aquellos que no debieron recibir el regaño son los que han puesto manos a la obra y los que si eran los objetivos del regaño, siguen en esa actitud que les causó la llamada de atención. ¿Quién les podrá explicar cuál es la verdadera vocación de un ministro de Dios?

Hay muchos religiosos, monjas, sacerdotes, curas, obispos, laicos católicos que queremos ver un cambio, que no queremos justificar lo que es imposible. ¿Cómo entender esas fotos de jerarcas católicos conviviendo en fiestas con narcotraficantes? ¿Cómo pasar por alto el daño a víctimas de abuso sexual? ¿Cómo no enfurecerse frente a estas hienas con piel de oveja? Estos personajes de mal corazón se olvidaron del texto de Las Bienaventuranzas. ¿Lo habrán leído, lo habrán entendido? El texto del Evangelio de Mateo refleja las bendiciones que Jesús deja a los que caminan por la senda del bien y concluye con aquello que algunos han pasado por alto: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. 

¿Tiene el Papa razones para regañar a los obispos mexicanos? Si han fallado al proteger a los desvalidos, si han negado consuelo a los ultrajados, si le han volteado la espalda a los pobres, si han dejado de ser humildes, si han perdido el hambre y la sed de justicia, entonces, ¡claro que el Papa tiene razones para regañarlos! Está en su papel, es parte de su descripción del puesto. Es correcto el regaño que Francisco sustenta en la palabra de Dios en el que creemos los católicos, es Jesús el que pronunció estas palabras. ¿Será que en la Arquidiócesis  Primada de México no las entendieron? 

No hay que irnos por las ramas, ni tratar de tapar el sol con un dedo. En la editorial hacen creer que el Papa Francisco no está enterado de lo que sucede con el rebaño mexicano. Claro que sabe, tanto es así que en el vuelo de regreso a Roma conminó a renunciar a aquel que prefirió proteger a un cura pederasta en vez de consolar a las víctimas del abuso. En vez de una renuncia puesta con humildad, brota la pregunta impregnada de soberbia. ¡Qué difícil tiene el camino aquel que quiera hacer el bien, si los que debieran ayudar, en vez de hacerlo se dedican a otras cosas! Esa pregunta no está planteada desde la fe, surge de otra intención. Eso queda claro. 

  
 

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