El odio como estrategia

 Resulta que el odio, este sentimiento poderoso de aversión y rechazo que crece como una hiedra incontrolable, es un elemento   poderoso que trae grandes resultados a quienes fincan sus estrategias sobre estas bases. Detestar algo o a alguien, por absurdo que parezca, logra afiliaciones inmediatas e irracionales. Es fácil odiar, no requiere de mucho análisis y el potencial de alcance es un radio de amplio espectro. 

Basta ver lo sencillo que es despertar odio hacia figuras tan inocuas como Justin Bieber o Lindsay Lohan. Ellos, contribuyan o no a su falta de simpatía, son focos de desprecio. Eso viene con la popularidad, nadie es monedita de oro y no es obligación caerle bien a todo el mundo. Incluso, hay figuras a las que les gusta provocar esa antipatía en la gente, porque les trae grandes beneficios: están en la mente del público. Miley Cyrus es el mejor ejemplo, escandaliza para seguir vigente y vender más. María Felix decía que era preferible que la gente hablara mal a que no hablara nada. Entonces, la estrategia era azuzar. Pero, insisto, estos personajes son inocuos. Son inofensivos pues su radio de influencia, aunque es amplio es irrelevante en el sentido que no hace daño.

El problema está cuando la estrategia de odio la adopta alguien que sí puede perjudicar, cuyas palabras pueden destruir o provocar mal. Si los dichos de alguien lástiman a otros, el tema del desprecio toma otros tintes. Ya no se trata de una táctica para conseguir algo, se trata de una cuestión de conciencia y de valores que no se debe tomar a la ligera. Se trata de estatura y altura de miras. Un líder se mide así, por sus parámetros y su capacidad para influir.

Hitler fue un gran líder y tuvo parámetros muy claros. Ojo, dije gran líder no buen líder. El reverendo Marin Luther King fue un buen líder y fue grande también. Ambos sustentaron su liderazgo en el odio. Uno buscó el desprecio como forma de sostenerse en el poder y otro para combatirlo. Uno hizo de la muerte la moneda de justificación a partir de la ruina y destrucción de un grupo específico y otro intentó combatir la ponzoña que se cierte sobre el diferente. 

Ayer, en el súper martes, vi a un líder que cimienta su triunfo en el odio. Incitando al aborrecimiento, sembrando inquina, provocando animadversión y lo que me pareció impresionante es que su audiencia no filtraba la información por ningún tipo de análisis. Trump, se dirgió a las personas que lo acompañaban en el salón de eventos en Florida y al mundo entero con un grito de guerra absurdo: ¿quién va a pagar el muro? Y las hordas embrabecidas gritaban México a máximo desprecio. En las calles, la violencia en contra de los latinos va en aumento. Los musulmanes también son foco  de desprecio y los judios van por el mismo camino. ¿No hemos visto ya este modelo con anterioridad? 

Lo peor, es que el odio es una navaja de doble filo, corta en ambas direcciones. Yo misma, en el momento en que veía a Donald Trump sentí un desprecio salvaje por ese imbécil que se atreve a decir barbaridades contra toda lógica. A pesar del análisis, el aborrecimiento aflora y la antipatía se convierte en algo más, gana potencia y crece como hierba mala, sin control. A eso le apuestan estos personajes. Por ello reciben apoyo de grupos como el KuKuxKlan. ¿Será que los estadounidenses no se asustan con este tipo de modelos autoritarios? Tal vez los que brindan ese apoyo incondicional deberían darse una vuelta por el Museo de la Tolerancia. Es una obligación histórica no repetir los errores del pasado. Evidentemente, no ven las señales de alerta, tal vez porque no las conocen, las ignoran. La ignoracia es un campo fertil de cultivo para el desprecio.

La estrategia del odio es efectiva. Trump no merece mi desprecio, ni el de nadie. Si merece cuidado, vigilancia, escrutinio. Parar a un ser despreciable que siembra odio no es fácil, pregúntenle a Ted Cruz. Lo dejaron ir muy rápido y muy lejos. No o van a parar si usan su misma estrategia, Trump les lleva ventaja. Hay que atacarlo en forma diferente, detectando sus debilidades que son evidentes. Trump es mentiroso, hay que rescarle por ahí. ¿Cuántos fraudes habrá hecho, cuántas trampas, cuántos actos de corrupción? No será dificil encontrarlos. Al exhibirlos, este hombre de pies de barro se desplomará. Ya hay una demanda en su contra, presentada en una corte de Nueva York, se le acusa de fraude. Ya va a recibir el primer golpe.

El odio es una estrategia efectiva, la verdad es aun mejor. 

  

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