La verdad sobre el caso de Harry Quebert

La verdad sobre el caso de Harry Quebert 

Joël Dicker

Alfaguara, 2014

Es curioso como los libros se abren camino para llegar a ser leídos. En este caso partícular, había leído reseñas, me llegó un resumen de los primeros capítulos a la casa, dije que me gustaría leerlo, pero no compré el libro. El chico que está en los torniquetes de entrada a los baños del club es un gran lector, a menudo comentamos y nos hacemos recomendaciones de lecturas,  vi cuando lo estaba leyendo y me dijo que lo estaba disfrutando mucho. Se lo presto cuando lo acabe, me dijo y cumplió la promesa. Entonces, La verdad sobre el caso de Harry Quebert tomó el carril de alta velocidad y se le adelantó a Salinger, McEwan y Yoshimoto y lo empecé a leer para devolverlo lo antes posible. Sí, yo soy de esas personas que devuelven los libros.

La verdad sobre el caso de Harry Quebert tiene la cualidad que debe tener una novela policiaca, atrapa al lector. En térnminos de lenguaje, me tocó leer una traducción hecha por Juan Carlos Durán Romero quien tuvo el desatino de castellanizar muchas expresiones que difícilmente pronunciaría un habitante de New Hampshire que es donde se desenvuelve la novela. Ni hablar, como dijera Octavio Paz, traduttori, traidori. Hay repeticiones y dislalias que no sé si arribuirlas al escritor o al traductor.

El autor, Jöel Dicker, utiliza una estrategia que al principio molesta y conforme avanza la novela convierte en un canal acertado para que el escritor se haga presente con el lector, da cuenta de 31 consejos que su maestro le dio para escribir una novela. Es de hacer notar que todos son buenos consejos y valen como guía para el lector. Se apoya en la teoría de Chesterton para ir sembrando pistas que le sirven al que va avanzando en la trama para generar hipótesis y ver si se confirman o no. Deja un espacio para que la mente intuitiva de quien lee luzca.

La novela inicia cuando una anciana habla a la central de policia de Aurora, un pequeño pueblo de New Hampshire, para denunciar que ha visto como un sujeto va persiguiendo a una chica que va herida. Luego, la viejita aparece muerta y la chica es declarada desaparecida. Ese es el hilo central de la narración, el secundario nos deja ver la angustia de un escritor frente a la hoja en blanco después de haber escrito un primer libro que tuvo un gran éxito. Hay una tercera línea narrariva dedicada al amor.

“A principios del 2008, aproximadamente año y medio después de haberme convertido, gracias a mi primera novela, en la promesa de la literatura norteamericana, estaba inmerso en la terrible crisis de la página en blanco. “

Dicker se arriesga a que el lector lance la novela contra la pared por no aguantar esa autoprofecía ultrapretenciosa, que es justo   decir, se confirmó, el libro es un best seller y así hay que leerlo. De repente hay que aguantarle  ciertos grados de presunción exagerada que se pudo haber evitado. 

Como sucede generalmente, los crímenes giran en torno a una historia de amor que el autor intenta fallidamente hacernos ver como entrañable. Esa línea narrativa es mediocre y no convence. Un escritor, el maestro de los consejos, se enamora de una chiquilla de quince años, la que desaparece al principio de la novela, y años mas tarde es acusado de ser el asesino. Trata de hacerle un guiño a Nabokov pero queda lejos y con una deuda muy grande.  Los diálogos no cumplen, no aportan información, son vacuos y el lector puede brincárselos sin que eso le quite ningún dato importante. Tienen la pretensión de ser poéticos, pero se quedan a la mitad del camino:

—¿De dónde vienen las olas?

—De lejos —respondió Harry—. Vienen de lejos para ver la orilla de la gran América antes de morir.

—Por Dios, ¿para qué querer morir?

—No es querer morir, es no querer seguir viviendo.

La novela vale en su planteamiento policiaco: Dicker abre múltiples hipótesis y tiene el acierto de resolverlas todas, no deja un sólo cabo suelto. Le cumple al lector y no le da espacio a dudas sin resolver. Eso es lo que entusiamsa de esta novela. Las 668 páginas de extensión cumplen a cabalidad con la promesa, el autor no te deja colgado, cuida al que lee, lo lleva de la mano, lo conduce en forma sutil para que nos se pierda. Se nota la intención autoral de preocupación por quien lee. Eso es un gran acierto de la pluma.

Es una novela policiaca que ofrece varias vueltas de tuerca. Cuando uno está seguro de lo que va a suceder y que efectivamente sucede, Dicker mueve los escenarios y cambia el rumbo. Eso ayuda a sostener la tensión narrativa y mantiene el interés del lector. Al final, prepara el terreno para irse despidiendo del lector.

Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por ele efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe de pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes.

Efectivamente, al terminar La verdad sobre el caso de Harry Quebert, sentí eso de lo que Dicker habla y que he sentido con pocos libros. Me gustaría que no se hubiera acabado. Ahora, encima, lo tengo que devolver.
  

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. jecallejosus
    Feb 21, 2016 @ 07:46:01

    Es muy bueno, el libro. Y la reseña casi más ….¡
    Estoy seguro que acaban haciendo una buena película con el libro como base. Creo que da para ello.
    Abrzs

    Responder

  2. Maricris
    Feb 22, 2016 @ 13:31:32

    Excelente novela!! la leí hace tiempo y me atrapo….

    Responder

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