La locura consumista que enfermó al mundo

Se fue el Papa Francisco, regresó a Roma. Todavía no aterrizaba y en el aire, entre nubes, tan cerca del cielo seguía mandando mensajes que ahora tomaban tonos fuertes. Las manos chamuscadas de quienes defendieron intereses malignos, las conciencias llenas de ollín de los que olvidaron a los maltratados, el tufo asqueroso de quienes victimizaron a las víctimas de pederastia con un descuido y a las que les aplicaron toda la fuerza que da la arrogancia, deberían presentar su renuncia.

No hizo falta decir nombres. Sabemos a quien se dirige.

No les valió la pena. Pensaron que tras una túnica de telas finas, un alzacuellos almidonado, un anillo lujoso y un aparato que gozó apoyo de ricos y poderosos, la impunidad estaría garantizada. Pensaron y por muchos años tuvieron razón que el carrito de golf, las comodidades, la abundancia, la extravagancia y las buenas amistades les bastarían. En el pináculo de la locura, habrán pensado que de eso se trataba el Evangelio.

Parece que ya se les va a acabar el veinte.

Por eso, desde el confort ordenaron que los apestosos se alejen, que los sucios no se acerquen, que los que lloran no le quitan belleza al panorama y, sobretodo, que los escandalosos no me vengan a amenazar las maravillas de las que hoy gozo. Se ocuparon de comprar más y de cuidar menos, de consumir y correr tras los anhelos de la tierra y se olvidaron que hay un cielo. Por años, les salió bien. Por años, la gente llegó a preguntarse si el bien prevalecería sobre el mal algún día. Muchos no tuvieron paciencia y por su culpa abandonaron la fe. Me pregunto si no le tendrán miedo a la muerte, si no se amedrentan al pensar que van a enfrentar la mirada de Dios que les preguntará por todas esas ovejas perdidas.

Antes, seguro que eso ni les preocupaba. Desde la comodidad y la elegancia fueron muy príncipes y nada pastores. Zapatos, camisas, autos, guaruras, obras de arte no tienen nada de malo. Lo que es terrible es que eso conduzca al camino de la perdición, que tanto brillo obnubilé la vista y tome las riendas de la vocación. Ay de aquél que se olvide de los más pequeños, ay del que abuse de ellos. Mirar a otro lado, silbar y taparse los ojos no salva a nadie. La carrera consumista que enfermó al mundo, esa que ha dejado la riqueza en manos de unos cuantos y a despojado a miles, esa corrompió a los que debieron  ser buenos y optaron por ser cómplices. 

No se hagan, les están hablando a ustedes. 

  
  

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Danilo
    Feb 19, 2016 @ 09:42:35

    ¿Por qué SS el Papa no decreta la excomunión a los corruptos?
    ¡Porque se vuelven evangelistas, protestantes, pentescosteses, testigos, etc.!
    Por eso se acerca a las otras denominaciones cristianas…cerrar los cismas

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  2. Maricris
    Feb 19, 2016 @ 13:43:52

    Leí con mucha atención tu artículo y coincido totalmente con tu opinión . De hecho en días pasados leí un artículo de la revista PROCESO en donde comentaban acerca de un prelado de mucha altura aquí en México y decían lo que tú misma opinas.. YA SE LES ACABO EL VEINTE… Creo que dentro de un tiempo muy corto habrá sorpresas de cambios y renuncias …..

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  3. Alex Jaramillo
    Feb 21, 2016 @ 14:17:32

    Estoy de acuerdo con su artículo, pero desgraciadamente no creo que les importe. Esa gente no tiene vergüenza. Ni temor a nada.

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