¿Mexiqueños?

Una de las seña de identidad es el gentilicio. ¿De dónde eres?, parece ser una pregunta común en formularios, es un dato que debe incluirse en formatos, es información relevante en un currículum vitae, en fin, es algo importante. La costumbre, la lógica o no sé qué, le gana a un concepto. Dejamos de ser México, D.F. para convertirnos en la Ciudad de México que en realidad siempre habíamos sido. 

Lo curioso es que ya lo eramos en otros idiomas. Mexico City, Cittá del Messico, eran las formas en la que los extranjeros denominaban a la ciudad que los locales llamabamos Distrito Federal, aunque no nos quedara claro qué era eso. La identidad se nos descolocaba porque el gentilicio era un territorio indómito. Los michoacanos, oaxaqueños, guanajuatenses, y de todos los estados jamás tuvieron ese problema, ni los acapulqueños ni los piedadenses ni los toluqueños pasaron por la mortificación de no tener un gentilicio.

Si nacías en la capital de la República, no había un gentilicio específico y unánime para llamarnos. Chilango, que me encanta, muchos lo sienten peyorativo. Defeño, palabra de fonética irregular, ya queda en fuera de lugar. Capitalino es peor porque no nos distingue de otros que también hayan nacido en otras capitales. En esta confusión, la Real Academia de la Lengua Española sale a solucionarnos el problema y desde Madrid nos hace llamar mexiqueños. No es falta de agradecimiento pero, ¿quién les dio esa facultad?

Me hubiera gustado que esa iniciativa la tomara la Academia de la Lengua Mexicana. Pero no fue así y en esta condición, los que nacimos en el Valle de Anáhuac, sentimos que la identidad nos la debemos dar nosotros y no esperarla de los peninsulares. No es tener la piel delgada ni tomar actitudes criollales ni salir a dar proclamas con un estandarte, eso, a Dios gracias, ya lo hicieron los héroes que nos dieron patria. Lo que no nos dieron fue gentilicio y el que se les ocurrió allende el mar, está muy feo.

Mexiqueño se oye horrible. Parece la combinación de México y pequeño. Peor se escucha mexiqueña. Como que el gentilicio no nos ayuda a enfrentar los retos de la vida en una de las ciudades más grandes del mundo. Como que nos achica y eso está muy poco adecuado, así para empezar. Luego, lo demás.

Tal vez sea una típica resistencia al cambio, o una especie de nostalgia al hacer consciencia de lo que fue y ya no es. Puede ser. Aunque en estricta justicia a mí me gusta más Ciudad de México, así con sus dos mayúsculas y todo. Lo que en serio, está feísimo es el mote con el que nos quieren identificar. ¿Sería mucha molestia pedir uno nuevo? No a los señores de la RAE que ya tuvieron la gentileza de darnos uno, sino aquí entre nosotros, discurrir algo mejor. 

Y, es que en términos de seña de identidad, decir que nací en la Ciudad de México es un orgullo que no cabe en la palabra mexiqueño, ¿no creen?

  

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