Lo que sentimos frente a la autoridad

 Es curioso, la sensación frente a una figura que detenta autoridad debiera ser de protección, sin embargo, para muchos mexicanos enfrentarnos con un representante de gobierno lejos de dar seguridad, da miedo. En el discurso, todos los representantes del Gobierno dicen estar dispuestos a apoyar al ciudadano, a aclarar sus dudas, a ayudar a resolver los problemas, a propiciar el fomento de nuevos negocios, a incrementar el crecimiento económico y, en general, a mejorar la vida. La verdad, frente a la autoridad sentimos desconfianza.

No el valde cada que escuchamos un discurso oficial elevamos las cejas y levantamos los hombros. No es gratuito que cada que nos para un agente de tránsito, empecemos a temblar y a sudar frío. Sabemos que, en la mayoría de los casos, estamos a punto de ser extorsionados. Si alguien que ostenta una identificación oficial y llega a hacer una inspección a un negocio, en vez de sentir que nos van a ayudar a mejorar, tenemos la certeza de que nos van a perjudicar. Cuando una persona que llega a la casa a hacer una revisión de lo que a la autoridad se le ocurra, queremos cerrarles la puerta en las narices y salir huyendo a toda velocidad.

La falta de transparencia, la voracidad que con cinismo muestran, el poder que detentan, hacen que el ciudadano se sienta indefendido, mal representado y amenazado ante una autoridad que ni se siente preocupada por sus gobernados ni, en realidad, se preocupa. En los níveles básicos, el aborazamiento es inmenso. En los de alta dirección es peor. La  gente vivimos en la cotidianidad sin saber que se está gestando un peligro que nos va a salir caro. No tenemos forma de defendernos. Nos muerden y lo que intentamos es que nos desgaren lo menos posible.

Muchas de estas extorsiones llegan a la casa sin invitación. El ahorro que con esfuerzo se ha hecho y se tenía destinado para otra cosa se desvanece entre las demandas de alguien que nos advierte de un problemón que tenemos en registros de oficinas de agua, predial, luz, y que ellos nos van a ayudar a resolver. Por lo general, esos problemas son inexistentes o expresamente creados. Acercarse a las oficinas correspondientes para pedir consejo sale peor. Trámites, multas, recargos sobre bases turbias, incomprensibles y colmillos largos y garras filosas.

No, no es una cuestión de politizar nada, es pedir que si no nos ayudan, por favor, no nos perjudiquen. 

  

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