Entre la orfandad y un reglamento de tránsito 

Uno de los temas de moda entre los automovilistas es el Nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México. Hay varios motivos para que los capitalinos podamos quejarnos y todos tienen que ver con la ambigüedad de las nuevas reglas de movilidad. Causa gran confusión saber cuáles son los críterios basicos, incluso teniendo el reglamento en la mano. La clasificación de las calles y los límites de velocidad resultan difíciles de discernir, los señalamientos desorientan , las líneas de cruce peatonal no están bien pintadas… En fin, hay una lista de razones contundentes por las cuales los automovilistas nos sentimos muy poco cómodos con las nuevas reglas. Eso no es lo peor.

Es verdad que los automovilistas hemos gozado de una suerte de superioridad que nos hizo creer que eramos los reyes de la calle, bastaba bajarnos del auto para saber lo que era caer en la desgracia de ser peatón. Sin coche, nos convertíamos en seres indefensos a los que nadie quiso ver ni escuchar. El problema es que el Nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México sigue dejando a los peatones en esa condición. ¿A quién beneficia estas nuevas reglas del juego? Díficil de saber.

El Jefe de Gobierno sostiene que la intención es promover una movilidad más moderna y ordenar a los automovilistas que andabamos tan desbocados que provocabamos muchos de accidentes y muertes a diario en la ciudad. Como intención, no esta mal, pero, como que no le creemos mucho al Dr. Mancera. Es es lo malo de andar copiando modelos que funcionaron en otros lados sin adaptarlos adecuadamente a un espacio urbano tan singular como la Ciudad de México. Las cosas no se mejoran y la gente anda enojada y muy desconcertada. Eso no es lo peor.

Lo peor es que somos muchos los que al querer respetar el Nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México nos hemos llevado rechiflas, señas y saludos poco amables. Subir a 40 km/hr al segundo piso del Periférico a las seis y media de la mañana, me ha ganado el mote de estorbo, gritos poco decentes, cambios de luces, claxonazos y de todo. Lo malo es que la mayor parte de esos pésimos tratos, que también estan sujetos a multa, me los han infligido policias en patrulla, agentes de motocicleta, conductores de autobuses urbanos (¿qué hace un autobús urbano en el segundo piso?) y gente que además  de estar obligada a respetar las leyes, son figura de autoridad trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México. 

Me pregunto si a ellos también los multan. Yo creo que no, si ese fuera el caso ya tendrían una cuenta por pagar bastante abultada. El secretario de seguridad, Hiram Almeida ha decidido guardar silencio, ni quiere contestar preguntas ni dar entrevistas ni comparecer ante la Asamblea de Representantes, creo que si no quiero ser multada, seguiré escuchando claxonazos, voces furiosas y gritos furibundos de la autoridad que sí puede violar la ley. Así me siento entre la orfandad que me ha provocado  un nuevo reglamento de tránsito al que a veces siento que está diseñado para que unos cuantos lo respeten. ¡Qué caray!

  

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