La bomba coreana

En los primeros días del año, se va haciendo costumbre que la Humanidad reciba una bofetada dolorosa. El año pasado fue la matanza en las oficinas de Charlie Hebdo, este año nos tocó enterarnos de que Corea del Norte había hecho una prueba éxitosa para tronar una bomba de hidrógeno.

La noticia en sí misma es abominable. La forma en que una mujer de rasgos orientales,  tan sonriente y bien arreglada lo dijo, me hizo estremecer. Parecía que nos estaba dando la noticia del nadimiento del nuevo monarca en vez de darnos a conocer que tienen un arma letal de destrucción masiva. Tampoco parecía lo que en realidad es: una gran advertencia y un desafío descomunal.

El tema de las bombas había dejado de ser un punto de preocupación en la mente de las personas. Hablabamos de drones, de armas más dirigidas y especializadas. Nos despiertan de un letargo y el tema nos pone la piel de gallina. No nada más a la gente comün y corriente, también a mandatarios y naciones. Ni Estados Unidos no Rusia recibieron la noticia con alegría.

La sonriente vocera del gobierno de Corea del Norte fue quien hizo público el éxito de la detonación, explicando que la bomba logró un impacto de 250 megatones, algo jamás antes registrado en la historia de la humanidad. Y para que sea mayormente simplificado basta un pequeño recuento de las anteriores bombas que han amenazado la paz de la humanidad.

Las bombas nucleares han ido evolucionando a lo largo del tiempo. Las primeras bombas que se desarrollaron fueron de uranio, la cual funcionaba detonando una reacción en cadena de este elemento con una gran cantidad de neutrones. Los ataques de Hiroshima y Nagasaki en 1945 se realizaron con bombas de uranio, alcanzando una potencia de 13 kilotones. Posteriormente las bombas se hicieron de plutonio, pero el salto con mayor relevancia fue cuando las bombas se hicieron de hidrogeno, alcanzando los mayores registros de potencia.
¿Ese es el rumbo que queremos seguir? 

El club del rifle y la bomba coreana son más similares de lo que pensamos. Ambas te pueden matar. Las lágrimas de Obama pueden parecer lo que sea, tal vez hasta sean de miedo. Lo cierto es que hasta esa sonriente mujer que habla de éxito en la detonacion puede ser destruida a impactos megatomicos. No le encuentro la risa.

Ni lágrimas ni risas, mejor cambios de rumbo. Ni bombas ni rifles, mejor meterle manos a la distribución de la riqueza. A pesar de la coreana tan sonriente, lo que nos dijo nomes una buena noticia.

  

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