Para empezar el 2016

Empezar pensando en las cosas sencillas es una buena forma de arrancar el 2016. Los triples saltos mortales son emocionantes, divertidos, a veces necesarios y muy riesgosos. Los pasos cortos son más fáciles y, en general, llegan más lejos. Al reflexionar en lo simple es más probale concretar los proyectos, la factibilidad de verlos hechos realidad se aproxima. 

Una forma sencilla de iniciar es reflexionar sobre nuestra cotidianidad, sobre lo que habita en ella. Desde el espacio físico hasta el intangible. ¿Me gusta lo que veo? Lo que sí me satisface, se queda tal como está. Lo que no, merece una segunda mirada. ¿Qué es lo que me disgusta y cuál es la razón del desagrado?

Así, en forma sencilla, si el cuadro de la pared me irrita, hay que averiguar la razón. Si es porque está chueco, lo enderezo, si es que de plano ya no me gusta, lo quito. Sin importar las razones intrínsecas que rodeen al cuadro. Lo mismo con lo interno, si tengo un sentimiento que me mortifica, debo verificar qué pasa. Si puedo, lo arreglo; si no, lo quito. ¿Para qué sigo haciendo vinagre si puedo tener miel? Mejor sonrío en vez de hacer corajes. Así analizo qué es lo que me desarmoniza y pongo atención para evitar hacer mala sangre.

Primero las cosas sencillas, para llegar a las dificiles. Lo curioso es que empezando por las cosas sencillas, milagrosamente se abren caminos para arreglar las dificiles. Mi abuelita materna decía que primero iba un paso y luego el siguiente. Los que hemos peregrinado a Santiago sabemos la verdad de esas palabras.Pensar en las pequeñas cosas que me hacen feliz es ser consciente y procurar mi alegría. 

El café en la mañana, el agua de la regadera, el jugo del desayuno, el material de las pantuflas, la oración diaria, el color que más me agrada, lo que me gusta escuchar, la canción favorita, lo que me encanta jugar, lo que me interesa leer, lo que me sorprende, lo que me quita el aliento, lo que me hace reír, la gente con la que quiero estar. Así entiendo qué es lo que debo de cuidar y jamás debo dejar en el descuido.

Pensar en las cosas sencillas es prevenir en lugar de lamentar. ¿Cuántas cosas se pudieron resolver desde lo sencillo, antes de que se complicaran? ¿Cuántas veces hemos elevado el grado de dificultad por pensar en lo que vendrá sin atender lo que ya está? 

Empezar el 2016 pensando en lo sencillo es entrar en el mundo de las posibilidades, es acercar los sueños, es empezar a planear desde lo factible, es atacar la inmovilidad y tener motivos para ponerse en acción. No todo es grandilocuente, lo fabuloso puede construirse con material asequible. Es entrar al año nuevo con el pie derecho y a tambor batiente. En una de esas, al poner atención en lo chiquito, Dios nos ayuda a encontrar esa llave que nos abrirá la gran oportunidad que nos conduzca a lo magnífico.

Deseo, entonces, para el 2016, que los pasitos cortos nos lleven a recorrer el camino para llegar sanos, salvos y felices a nuestro destino. ¡Mil felicidades!

  

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