Cambios en la sociedad

Me sorprende una nota que leo en el Diario de Yucatán. La sociedad yucateca, dice, está cambiando pero no para bien, según el sociologo Othón Baños Ramírez. Sostiene que los cambios de identidad en la familia yucateca se están modificando: el ensamble familiar no es únicamente una cuestión de afectos, sino de necesidad, de conveniencia. Además agrega: La precariedad económica en la que vive la mayoría de las familias y el fomento del individualismo más que promoción de una sociedad que responda de manera organizada, se está propiciando la pérdida de valores. Los yucatecos tienden a ser más egoistas y a dar poca relevancia a la relación con la familia.

En realidad, es injusto que se diga eso sólo de la sociedad yucateca, en el mundo las sociedades caminan alegremente hacia lugares que no llevarán necesariamente a una convivencia más armónica. Aquí no se trata de ir en contra de las nuevas estructuras familiares que ya no son la típica pareja de padre, madre e hijos. Esta  configuración del sistema familiar hace rato dejó de ser el único modelo. Hoy, las familias más comunes se integran por madres solas que sacan adelante a sus hijos, por abuelos que cuidan a sus nietos, por parejas heterosexuales que no optan por la paternidad, por parejas homosexuales que mueren por tener hijos… Y la diversidad marca el tono. Eso no me parece una involución, simplemente así son las cosas.

Sin embargo, la familia, cimiento de la sociedad, se ha hecho más débil. No por su composición, ni por los elementos que la integran, sino por sus dinámicas.La fragilidad deviene del poco cuidado que le tenemos como individuos. Se nos olvida que debemos estar al pendiente de aquellos a los que queremos, que la familia es ese espacio sagrado en el que podemos ser individuos que integran una organización amorosa, en la que la solidaridad y el cariño deben imperar. La familia debiera ser un sistema que da seguridad y alegría, por lo mismo debe ser atendido, custodiado y defendido.

Por desgracia, y ahí estoy de acuerdo con Othón Baños, perdemos de vista lo que es la familia y la descuidamos. Al primer grito, pleito o desencuentro, la desquebrajamos. Los matrimonios se dejan de cuidar y se separan, prefieren aguantar el dolor de una desunión que preservar la promesa de amor. Los esposos abandonan, las esposas ahuyentan. Los hijos descuidan a sus padres, los dan por hecho y los recuerdan si necesitan algo. Los padres se obsesionan con trabajos, televisores, pantallas, amistades y alejan a los hijos. Se sacrifica la convivencia, se interrumpen las conversaciones para atender un teléfono inteligente que escisiona a las personas e interrumpe el flujo del cariño.

Tambien los problemas macroeconómicos agravan el problema. La falta de empleos, las jornadas largas de trabajo, los compromisos y pagos mensuales, el agobio del no me alcanza, irritan a las familias que por quítame estas pajas, estallan en mil pedazos. Los integrantes de una familia se encierran, se ensimisman, se aislan y el egoismo triunfa sobre la convivencia. Los síntomas son sutiles, al principio, pero van enraizadose profundamente hasta tocar las bases mismas de la sociedad. No exagero. Fíjense en la mesa de cualquier cafe o restaurante, las familias reunidas en torno a la mesa están distraidas mirando pantallas en vez de verse a los ojos. Cada vez es más frecuente ver a bebés jugando con un aparato electrónico mientras la madre chatea.

No sólo los yucatecos avanzan en el egoísmo y le dan poca relevancia a la familia. Es una condición que va aumentando en el mundo y sobre la cual deberíamos reflexionar. El Papa Francisco dice que la familia debe ser un lugar privilegiado en donde se experimete la alegría del perdón. El perdón es la escencia del amor, que sabe comprender el error y poner remedio. La familia debe ser ese espacio en el que nos sentimos entendidos, en el que equivocarse tiene remedio y un dónde si alguno se cae, los otros llegarán a levantarlo.

El crecimiento del egoismo no es una buena señal. Tapar el sol con un dedo es peor. Lo mejor es hacernos cargo y empezar a cuidar ese sistema familiar nuestro. Es privilegiar el cariño y la solidaridad, la continencia y la tolerancia. Es pugnar por la continuidad por encima de la disrupción, por la ayuda por sobre la ventaja, la empatía más que el berrinche personal. Es mirar el largo plazo para seguir acompañados y no despertar una mañana totalmente solos, sin que nadie se acuerde de nosotros, sin que a nadie le importe. Es una cuestión de hacernos cargo de nuestra responsabilidad de preservar a la familia.

El rumbo que llevamos como socidead no parece llevarnos a una vida en común. No obstane, el Ser Humano es un ser social. Es tiempo de hacer cambios. Cambios para bien, no al revés. 

  
 

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Ma. Cristina G Canton esquivel
    Dic 30, 2015 @ 23:46:06

    Hola Cecilia que gusto que estés en Merida soy lectora asidua y vivo precisamente aquí en Mérida. Lo que menciona el Dr Othon Baños es muy cierto. Y muy triste. Saludos y disfruta de esta bella ciudad

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