En la blanca Mérida

  Los yucatecos son personas que valoran mucho las palabras. Dicen las que les parecen justas con un acento entrecortado que de apega mucho a la pronunciación melodiosa del maya. No le tienen miedo a lo que han de decir y, como lo dicen sonrientes, el visitante puede confundirse y creer que no escuchó adecuadamente. O, de plano, perderse por el tono amable de lo que acaban de escuchar, del verdadero sentido de las cosas.

Mérida, la ciudad blanca, me entero que fue una aspiración de la época de La Conquista. Los colonizadores querían una ciudad sólo para peninsulares ibéricos , en la que no habitaran ni criollos, ni originales de la península de Yucatán, ni negros: unicamente blancos. Los diferente no debía entrar a Merida. Había de ser un bastión de pureza y uniformidad.

Siempre creí que Mérida era la ciudad blanca por limpia, por impecable —porque lo es—. Basta darse una vuelta por sus plazas, por el majestuoso Paseo Montejo, por el centro y casi por cualquier calle. Sin embargo, la explicación del origen de esta consigna la recibo con una sonrisa yucateca que suaviza la dureza de semejante ilusión. Por eso, al entrar a la Catedral de esta capital yucateca, sorprende que en el altar principal nos reciba un enorme Cristo de madera, con los brazos abiertos que tiene la inscripción: El Cristo de la Unidad. 

Así son las cosas enYucatán y me gusta. Son sutiles y quedan a la vista de quien las quiera entender. No obstante, hay que estar atentos. Cualquiera puede entender otra cosa y pasarla por alto. Sin confusiones, los yucatecos dicen la verdad endulzada con esas caras tan amables, incluso cuando dicen cosas terribles. 

Está bien pasar el día de la Sagrada Familia en Mérida a los pies del Cristo de la Unidad. El caleidoscopio en las calles es muy especial: turistas, locales, extranjeros, nacionales, huipiles, faldas, camisetas, guayaberas se mezclan dando cuenta de que la segregación de una Merida blanca fue y es  imposible. 

Venir a Mérida, la blanca, es entender que en la diversidad, la mejor opción es la unidad. Cómo me gustaría que muchos pudieran decifrar el misterio de esta metáfora.

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