Al otro lado del puente

Sí, ¡qué emoción! Ya estoy al otro lado del puente, el la tierra de Gilberto el Valiente que quería vivir con La Lupe, novia de Don Julián. Dejo atrás la tierra de José Alfredo y entro a la de mis padres, mi familia y mi gente. Pili, mi sobrina me enseña la nueva estatua del Perro Negro que no conocía. Al cruzar el puente veo el emblemático puente de cantera rosa: el Puente Cavadas.

Hay cosas que cambian. El Río Lerma ya no es tan caudaloso, ni se parece a aquel de las terribles inundaciones, ahora esun  tímido hilo de agua que circula por un cauce que le queda grande. La cúpula de la Parroquia del Señor de La Piedad sigue tal como la dejé la última vez que vine. Ya pasaron dos años de aquella vez.

Desde entonces, he escrito mucho de La Piedad. Muchos de mis cuentos y narraciones se han inspirado en este lugar, en los recuerdos que aquí se forjaron entre juegos con mis primas, consentimientos de mis tías, tradiciones y costumbres que se repetían cada vacación. Entre las papitas de la plaza, el camote del cerro, la salsa Maga, las enchiladas y los buñuelos, alrededor de los portales de abajo y de arriba, de la Parroquia y el Santuario surgen recuerdos que hilvanan fantasías.

Hay cosas que no cambian y eso me hace mucha ilusión. Las posadas callejeras, con sus rezos, cantos, piñatas, ponches, buñuelos de viento. Con esos olores y sabores que pensé se habrían perdido entre los días de la infancia y que siguen como en aquellos días. El Señor de La Piedad ya está en el altar principal, espera el día 25 que es su fiesta para estar al pie del altar, cerca de sus fieles para prodigar miles de milagros.

Hay cosas que cambian. Muchos lugares nuevos, el que más me hizo ilusión fue el restaurante de Mago. Hay cosas que siguen igual: la plática de mi tía Tolla, el entusiasmo de mi tía Marta, la hospitalidad de mi tía Rosita, la calidez de Pily, mi prima, la sonrisa de Mary, mi otra prima. Faltó Betty, mi complice.

Hay cosas que van a cambiar y no quiero que cambien. En esas no quiero pensar. Mejor, sonrío. Estoy al otro lado del puente, en La Piedad, Michoacán. Está la estatua del Perro Negro, que no conocía y el Puente Cavadas que siempre espera.

  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: