La correcta aproximación 

En la escuela nos enseñaron que la mejor forma para resolver un problema es la correcta aproximación. El planteamiento adecuado de una situación nos abre un camino más seguro para encontrar la solución. En ese sentido, extrañamos el tiempo en el que los maestros nos dictaban los ejercicios, nos indicaban las variables y lo único qué teníamos que hacer era sustituir los datos en una fórmula previamente aprendida. La vida real no es tan fácil y ojalá lo fuera. Me parece que, para variar,  la forma en la que se abordan los problemas que angustian al Hombre  no tienen una aproximación correcta.

Las guerras que se lidian en el mundo, las más importantes son las que van en contra del narcotráfico y del terrorismo. En el primer caso, se busca resolver el problema desde la oferta sin hacer nada por inhibir la demanda. En un caso de extrema ridiculez, se persigue a los productores mientras el consumo de ciertas drogas se autoriza, incluso para fines recreativos. En el caso del terrorismo, se inocula un miedo atroz, se somete a la población a un escrutinio en el que se pierde el derecho a la privacidad y se favorece un discurso de odio.

Las palabras de Trump, con independencia de la falta de cualquier signo de inteligencia, calan profundo. Son una seña de identidad con la que muchos se sienten identificados. Que no entren los diferentes a hacer daño a la Nación que se forjó con manos de migrantes, que se eleven muros más altos que los rascacielos de Manhatan y que se prohiba el paso a los que usen turbante y barbas largas. Pero, eso sí, que viva el club del rifle.

La correcta aproximación al problema del narcotráfico y del terrorismo se deja de lado. Se toman caminos azarosos, complicados, duros, crueles que generan dolor en todos lados. Sangre y cuerpos que en muchas ocasiones son daños colaterales, personas inocentes que se pierden en la frialdad de una cifra de desaparecidos, de heridos, de muertos. ¿Y las armas? Si en vez de aproximarnos al problema a través de las consecuencias, lo hicieramos a través de las causas, la eficiencia aumentaría. ¿Por qué en vez de concentrarnos en impedir el libre tránsito o de luchar contra una oferta que no se ha logrado parar, no se prohíbe la venta de armas?

Sin armas ni terrorismo ni narcotrafico tendrían tanto poder. ¿Entonces? 

Es espeluznante ver como en el mismo lugar en el que se vende el cereal, la fruta y los artículos de limpieza, también se puede comprar una pistola. Es aterrador pensar que la persona que hace fila en el súpermercado puede llevar en su carrito un arma. Es horripilante enterarte a cada rato que alguien que compró una pistola o un rifle, jaló el gatillo y mató a personas discapacitadas, a niños en una escuela, a pequeños de un jardín de niños, a personas que se divertían en una sala de conciertos.

Es incongruente ver la lucha contra la venta de drogas mientras en aumento en su consumo crece a cifras increíbles. Es absurdo someter a la gente de bien a escritinios humillantes mientras la venta de armas tiene la facilidad y la comodidad de ser tan accesibles como una zanahoria.

Me parece que en el análisis y dados los resultados, la forma de abordar el problema no está bien. Hace falta buscar  una correcta aproximación. Ya sé, es dificil. La venta de armas deja mucho dinero a los productores.  

  

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