Los riesgos de ser viejo

20140610-072404-26644094.jpgEl último informe sobre pensiones que publica la OCDE nos permite observar el porcentaje de población mayor a sesenta y cinco años que se encuentra en riesgo de pobreza. No se trata de una opinión, de un parecer o de un punto de vista, es un dato duro.

Para llegar a esa conclusión, la Organización diseñó una herramienta digital que permite comprar los escenarios de las pensiones entre los diferentes países miembros. Para establecer el riesgo de caer en pobreza se utiliza una fórmula que permite calcular con objetividad esa probabilidad con base en variables específicas.

La fórmula utiliza la renta disponible de los hogares ajustada por el número de personas que habitan en el lugar. El que se sitúe en un resultado inferior al cincuenta por ciento, está en peligro de entrar en pobreza.

En México, de acuerdo a ese cálculo,  el 31% se clasifica en esa posición de riesgo. Para darnos una idea de lo que este dato significa, hay que compararnos con otros países miembros. En Australia este riesgo es de treinta y seis por ciento, es decir,  hay más personas que corren ese peligro, mientras que en España sólo un siete por ciento se sitúa por debajo de ese umbral.

El treinta por ciento de personas que en su etapa de jubilación caerán en pobreza es un dato apabullante. Es aterrador. Eso quiere decir dos cosas, o los viejos siguen trabajando toda la vida para conservar su nivel de vida o se resignan a que al retirarse entrarán a un estado de restricciones y carencias al que no están habituados.

Un país que lanza al treinta y siete por ciento de sus pensionados a vivir en estrechez y en carencia de lo necesario para vivir tiene un problema entre manos que debe atender en forma urgente. No podemos pretender que nuestros viejos trabajen de por vida porque con sus pensiones no tendrán una vida digna.

También, cada uno de nosotros, en lo particular, debemos de prever el futuro. La persona que se debe de ocupar de nosotros en la vejez somos nosotros mismos cuando aún tenemos fuerzas. Queda claro que mucha de la pobreza de nuestros ancianos no podrá ser solventada por sus familiares que, seguramente, viven en situaciones de incomodidad financiera o que tienen obligaciones que les impiden afrontar las de sus viejos.

Prefigurar desde la edad adulta, en plenitud, la etapa de la vejez, es ponernos en contexto y a tono para prevenir una situación precaria que se ve llena de dificultades. Ser pobre y viejo no luce nada bien. El Estado debe ver por sus viejos, cierto. Pero, nosotros debemos ver por nosotros mismos.

La cifra de la OCDE no nos deja un panorama en el que podamos echarnos a festejar, más bien, es para elevar las atentas y prevenir. La vejez debe ser una etapa de cosecha y tranquilidad. Para ello, hay que empezar a sembrar desde hoy. Mientras antes se empiece, mejor.

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