Balas

Lo escucho por la radio y el estómago se frunce. Otra matanza. Han pasado pocos días de lo que sucedió en París y las balas vuelven a repartir muertos. La California dorada se mancha de rojo. El pueblecito de San Bernardino atrapa la atención  mundial y llega a las primeras planas. Por horas, no se sabía bien a bien qué había pasado, pero la estridencia de la tragedia ya recorría el mundo.

París se siente tan cercano, esas heridas duelen vivamente. Sandy Hook nos resulta más lejano, ya es una cicatriz. Del 2012 para acá no han pasado tantos días y en el imaginario colectivo lo que sucedió en esa escuela parece difuminarse en el olvido. Hoy, como entonces, saldrá el Presidente Obama a pronunciar un discurso para mostrar solidaridad y dar palabras de pesar. Se las llevará el viento. Las armas siguen siendo el problema. 

Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo donde el derecho a portar armas está protegido por la Constitución. Es más fácil para un menor comparar un arma que una cerveza en territorio estadounidense. Los datos duros apabullan cualquier opinión: en Estados Unidos mueren una media de 92 personas al día por arma de fuego. Son 1,45 millones de muertes a causa de balas —por asesinato, suicidio o accidente— desde 1970, una persona cada 16 minutos. Son cifras de campo de batalla, es un número hóstil que no se quiere ver. 

El columnista de The New York Times Nicholas Kristof llamó la atención sobre esta cifra asegurando que son más fallecidos que en todas las guerras en las que ha estado implicado el país en toda su historia. Según la campaña Brady contra la Violencia por Armas de fuego, otras 297 personas resultan heridas al día por disparos.

A pesar de eso, el Club del Rifle sigue siendo la gran influencia que sostiene el derecho de portar armas. A decir verdad, las pistolas y los rifles constituyen una seña de identidad que los hijos del Tío Sam cuidan con orgullo. Un cowboy debe tener un rifle y las balas deben ser accesibles. La matanza en la escuela infantil de Connecticut en 2012 sacudió a Estados Unidos , pero ese estupor no logró impulsar reformas para regular las armas. Los que las aman  apuestan al olvido. Es una apuesta segura, pocos recuerdan Sandy Hook. Desde entonces, el país ha sido testigo de 1.052 masacres, en los 1.066 días transcurridos desde entonces, los nombres se desdibujan, se disuelven, se pierden en los recovecos del olvido. En estos tres años han muerto 1.312 personas y otras 3.700 han resultado heridas, según el recuento de Mass Shooting Tracker.

El lenguaje de las balas deja muertos tendidos en el suelo, pero, se olvidan. Sandy Hook fue una muestra de horror como lo es San Bernardino. El terror lo siembra lo mismo un loco al que se le desordenaron las ideas que un reclutado que recibió entrenamiento. Importa quien jala el gatillo, no obstante, lo que no se puede dejar de lado es la facilidad para que cualquiera pueda comprar una caja con balas. 

  

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Danilo
    Dic 04, 2015 @ 07:38:56

    Cuando no existían las armas de fuego los hombres las inventaron ¿Qué nos hace suponer que si ahora quedaran prohibidas no generaríamos un nuevo mercado ilegal de muerte? Baste recordar que en México las armas están, para todo efecto práctico, prohibidas.

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