A la mitad del sexenio

El presidente Enrique Peña Nieto se dirigió a la Nación en ocasión de su terecer año de gobierno. Desde el Patio Central del Palacio Nacional, rodeado de gente, recién llegado del viaje a París, grabó un discurso para contarnos de sus logros, de las dificultades y las eventualidades que ha enfrentado a lo largo de estos años al frente del Estado. 

El discurso, uno más entre tantos que hemos escuchado a otros mandatarios, no es una joya ni se convertirá en un referente de estudio. Llama la atención, sin embargo, el esfuerzo de  un hombre recién llegado de un viaje transatlántico y la urgencia de filmar a las cuatro de la mañana. Si se toman en cuenta esas circunstancias el Señor Presidente no se veía tan golpeado. A decir verdad lucía impecable.

No obstante, el efecto de tanto empeño se disolvió como pastilla efervescente. Muchos factores deshicieron el impacto que se pretendió causar. Palabras comunes, desgastadas por tanto pronunciarse, ideas sumamente visitadas, conceptos ajados por tanto uso, lenguaje corporal rígido, un rostro serio que contrastaba con la gente que, a su alrededor, le estaba ganando la risa.

El Presidente solo, rodeado de gente que ni le hacía caso ni le adornaba el cuadro. Un soldado con casco de Darth Vader jalaba más la atención que la narrativa presidencial. Un joven enchamarrado que hacía esfuerzos, pocos, para que no se notara que ya lo habia vencido la carcajada. Una viejecita  que de tan sonriente, daba la impresión que se estaba muriendo de risa, una enfermera que se le escapó un bostezo y un médico que traía el estetoscopio chueco.

¡Válgame! ¿Cuál sería la intención de rodear al Presidente de tanta gente tan distraída y tan risueña? Imagino que quisieron dar una imagen de cercanía. Fallaron. El Presidente Peña no es un hombre cercano. Por lo mismo, el gentío que lo rodeó lucía como una escenografía descompuesta, mal planeada y peor ejecutada. El cuadro, con todo, es un reflejo de esta administración.

Hay una puesta en escena que quiere dar un mensaje y en realidad entrega otro. La decodificación del discurso presidencial habla de una intención que da otros resultados. Bueno, ni la gente que rodeaba al Presidente  se podía aguantar la risa.  

  
  
    

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