Iguales

El estudio de mil cuatrocientos cerebros humanos revela lo que ya sabíamos y nos negamos a entender: los cerebros de hombres y mujeres son iguales. Iguales. La comparación de estas imagenes de cerebros femeninos y másculinos no muestra diferencias significativas, según Daphna Joel. En el estudio conducido por la Universidad de Tel Aviv no hay evidencias de que unos sean diferentes a los otros.

¡Qué curioso! El sexo de una persona no determina ni el tamaño ni revela la existencia de procesos mentales diferentes ni parece que haya un factor que nos indique que los caminos cerebrales se distingan por lo femenino o lo masculino. Sin embargo, pensamos, actuamos y reaccionamos de forma diferente. ¿O, eso nos han hecho creer?

Si no hay evidencia física que nos haga presumir que este cerebro pertenece a una mujer y aquel al de un hombre, resulta complicado entender qué es aquello que hace nuestras mentes tan distintas. ¿O, en realidad no son distintas? Según Daphna Joel, de la Universidad de Tel Aviv, no hay distingo.

Los cerebros de los humanos son iguales, no hay zonas especiales en uno u otro caso, tampoco recovecos o morfologias específicas. Somos iguales. Sin embargo, aún en países que buscan la igualdad de género, las diferencias son patentes. No hablemos de aquellos lugares en los que las niñas deben padecer su condición femenina. Mutilación, vejación, trabajos adicionales, golpes… Silencio.

¿Por?

Las diferencias entre los hombres y las mujeres son de otro estilo y ellas han de ser celebradas.  Pero, esas miradas misóginas, esos dejos de superioridad, esos lamentos porque nació nena y no nene, esos sueldos desigualitarios, carecen de fundamento. Son, en el mejor de los casos, una seña de ignorancia y en el peor, un signo de brutalidad innecesaria.

Desde siempre hemos intuido que a nivel de ideas, somos iguales. En el mundo de la creación y la generación, en el universo de lo intangible, somos iguales. Entonces, ¿por qué le ha costado a la Humanidad dar ese crédito? No es mejor una mujer que un hombre ni vice versa. Iguales. Tan tontos como tontas, tan brillantes unos y otras.

Ya sería tiempo de que nos hicieramos cargo de ello. ¿No? Así, con tranquilidad, en paz, sabernos iguales.

  
 

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