FIL Guadalajara

Para ser México un país con un índice tan bajo de lectura con respecto a otros países, la Feria Internacional del Libro en Guadalajara es un evento sorprendente. El recinto de Expo Guadalajara luce vibrante, lleno de gente que entra feliz y con gran entusiasmo. En momentos, tanta alegría llega a niveles de euforia. El gusto radica en la posibilidad de encontrarse con ese artilugio mágico que es un libro y de toparse con uno de esos seres tan extraños que se dedican a escribir. 

¡Qué curioso! Desde el primer día, los pasillos están llenos de gente, especialmente de jóvenes. Los auditorios en los que se dictaron conferencias o se presentaron libros tenían todos los lugares ocupados. En el ambiente, la combinación de libros y más libros, de letras, renglones, puntos, signos, escritores y lectores resultaba en un festival de sonrisas. 
¿Cómo, no que en México no nos gusta leer? No sé. Pero si de buscar lectores se trata, la FIL funciona como esa red en la que entran cientos de mariposas. Muchos caen. Ya sé que muchos van por curiosidad, que otros acuden porque sus maestros los enviaron, que hay gran cantidad de asistentes que entran acompañando a otros. Sí. Cada quien tiene un motivo, hay escritores que van a presentar su obra, otros que van en busca de editores, de oportunidades, hay poetas que ahí mismo se topan con sus musas. Y, claro está, hay muchos incautos que caerán en los brazos abiertos en forma de pastas de libro.

Cada quien sabe que lo hizo ir a la FIL, pero también es cierto que muchos encontraron esa ventana de oportunidad para recorrer con la mirada esos renglones, que ahí descubrieron a sus autores favoritos, que pudieron platicar de algo interesante. Hubo un momento en el que al caminar por los corredores, dejé de ver libros y vi a la gente. Todos sonreían. Todos escudriñaban libros. Muchísimos estaban formados para pagar y llevarse a casa lo que encontraron.

La FIL empieza a tambor batiente. Todos entramos a paso redoblado y de alguna forma, el corazón se llena de calor. He visto este recinto ferial en muchas ocasiones, jamás luce con este halo. Muchos no creen ni en las musas ni en la magia ni en la fantasía, muchos ni siquiera se interesan en lo que brota entre las páginas que albergan palabras, pero en un raro misterio, todos entramos encantados de la vida a perderos en el laberinto que nos lleva a encontrarnos con ese artilugio tan extraño que le dicen libro y con esos seres tan raros que se dedican a escribir.

  

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