Alto a la violencia contra las mujeres

El dato duro es apabullante. Es un hecho que no admite pareceres ni se sujeta a puntos de vista. Ese es el privilegio que otorgan los  números, son objetivos. Una de cada tres mujeres ha sufrido algún tipo  de violencia. Si esto fuera una enfermedad, se le llamaría pandemia. Si lograramos formar a todas las mujeres que habitan este mundo y les pidieramos a las que han sido maltratadas que dieran un paso al frente, más del treinta y tres por ciento  lo harían. Si a eso le sumamos el trato desigual, la discriminación, las ofensas verbales, el porcentaje aumentaría alarmantemente. 

La violencia contra la mujer se puede clasificar como una epidemia mundial, pero no es una enfermedad. Uno no elige estar enfermo. No obstante, la elección de la violencia entra dentro del campo del libre albedrío. El violento elige serlo, también puede optar por dejar de serlo. Lo malo es que no se ve mucha intención de abandonar estas prácticas. El hombre violento tiene mucha complacencia entre sus pares y, en el colmo de la incongruencia, entre las mujeres también. La modernidad nos lleva a espiar lo que sucede en otras galaxias pero una de cada tres mujeres sigue estando callada y detrás de la puerta. 

Hay hombres que se ríen de esta condición, que sostienen que somos unas lloronas exageradas y que desde luego, los grados de histeria nos llevan a quejarnos de lo que ellos consideran, debe ser un estado natural de lo femenino. No hay nada de chistoso en un ojo morado, en un brazo roto, en una violación, en una mutilacion genital. Nada.

Tampoco causa risa que se tengan que se tengan que padecer insultos por la forma de vestir ni que las formas de un cuerpo sirvan de provocación ni que un vagón de metro sirva de pretexto para un manoseo. ¿Qué le da derecho a un individuo a faltar al respeto, a golpear, a burlarse, a violentar? Lo peor es que la violencia empieza a muy temprana edad. Las niñas son las víctimas más frecuentes, las más indefensas.

Crece la impotencia y pensamos que no hay forma de parar esta espiral. La violencia contra la mujer  no es inevitable, se puede detener, se debe prevenir. Ya sé que no es una enfermedad, ojalá lo fuera. Así inventaríamos una vacuna para erradicarla. Por desgracia, no es algo tan fácil como acabar con un virus. No hay un medicamento, no hay una cura. Tampoco hay un único motivo por el que ocurre. 

Tristemente, la violencia y el abuso empieza en casa. Niñas maltratadas por tíos, por hermanos mayores, por padres y madres pasan a ser mujeres golpeadas por sus parejas, despreciadas en el lugar de trabajo, discriminadas por su condición. Madres que no escuchan las denuncias de sus hijas, padres que no las protegen, maestras que miran a otro lado, gente que las quiere tener hincadas. 

Pero podemos hacer algo. Empezar a escuchar es el primer paso. Creer y no desestimar la denuncia de una pequeña. Poner atención a esos golpes continuos, a esas fracturas frecuentes, a esos ojos morados. Ofrecer consuelo y protección. El enemigo a vencer es el silencio. No hay denuncias porque hay miedo. Hay panico de la reaccion, si digo me irá peor. Hay vergüenza. Hay pudor. La indiferencia es el mejor complice de los que abusan.

Luego, las propias mujeres no ayudamos. Educamos machos, disculpamos golpes, protegemos abusadores, escondemos asesinos, perdonamos todo. Regañamos a las valientes que se atreven a decir algo, las obligamos a cerrar la boca y les recriminamos todo lo que han provocado. ¡Ya ves lo que ocasionas!

Elevar la voz, denunciar a quienes le faltan a las mujeres, aborrecer las malas prácticas, retirar el apoyo a los que nos ven por debajo del hombro y nos sienten inferiores por ser mujeres, dejar de ser complaciente ante el dolor generado, enfrentar el matrato es una forma de empezar a evitar la violencia que sufre una de cada tres mujeres en el mundo.  

La cifra va más allá de cualquier opinión, es un hecho apabullante. Una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido de violencia. ¿Qué más se puede decir?

  

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. bigbenantiguedades
    Nov 26, 2015 @ 07:55:21

    Es lamentable esta triste realidad, el maltrato hacia la mujer, y has dado con el dedo en la llaga, me refiero a la gran responsabilidad que recae en nosotros los padres, de formar, dar valores a nuestras hijas y que crezcan dignas de su género y que se quieran y respeten a si mismas. Tambien formamos ninos que serán hombres, esposos y padres de familia en el futuro. Que ellos vean el respeto entre sus padres es algo básico y por consiguiente el respeto y la justa valoración que Deben darle a la mujer. Por otro lado están las leyes al rededor del mundo. El organism internacional de los Derechos Humanos es muy eficiente cuando quiere. En mi país, Peru, vela muy bien por los derechos de los terroristas encarcelados que asesinaron a tanta gente. Por qué no puede velar con esa misma eficiencia por las mujeres maltratada? la verdad es que hay realidades que asustan y son muy preocupantes. Un beso Cecilia, gran Post!

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    • ceciliaduran
      Nov 26, 2015 @ 08:30:32

      Tienes tanta razón. Aquí sucede igual. Protección a los maleantes, mucho celo en el cuidado de sus derechos y se vuelve la mirada a otro lado al ver una mujer golpeada.

      Responder

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