Pienso en París

Pienso en París y digo que no entiendo lo que pasó allá. El destino es un concepto tan ambiguo. El orden de las cosas y la búsqueda del autor de la Historia parece tan grandilocuente, tan altisonante, tan ostentoso. Dejar que el pensamiento vuele en el sentido de que resulta imposible no dejarse arrastrar, de que no importa si te pones duro y opones resistencia, no va a servir de nada. Lo que ha de pasar, pasará. Si no, ¿qué llevó a un niño a perder la vida de manos de un terrorista? No se entiende lo que pasó allá ni lo que pasó en Beirut o en el río Cocula.

Pienso en París y creo que todo es una especie de mecanismo complicado que tiene goznes y picaportes que, como máquina de feria, se activan para dejar salir una pesada bola de boliche que rodará a toda prisa cuesta abajo sobre un riel y hará colisión contra un botón  que accionará un resorte que volteará de cabeza un vaso con agua y mojará al que vaya pasando. ¿Por qué mojaron al que iba pasando? Para demostrar que el mecanismo funciona. Lo de menos es quién se cruzó por el camino, daría igual que fuera un payaso, que un equilibrista que el domador de leones. 

Pienso en París y digo que no entiendo porque no me gusta entender la maldad humana. Me da comezón y calambres darme cuenta que la lucha de poder se quiere esconder detrás de la cara de Dios. No es una novedad, así ha sido a lo largo de la Historia. Así se pergeñó la frase París bien vale una misa. Todas las guerras inician de esa manera y con independencia del resultado, arrojan dolor y manchan de sangre. 

Pienso en París y entiendo. Como dijera Kant, entender no significa estar de acuerdo. Las bombas estallaron cerca del lugar en el que la guillotina soltó le cuchillo pafa descabezar a tantos. Las razones de Rousseau opacaron la rivera del Sena, los extremos de Marat mancharon tanto como los consejos de Richelieu. Cada quien mira a su parcela de intereses, Ayotzinapa no está cerca de Beirut, de Siria, de la franja de Cisjordania de la frontera con los Estados Unidos de la vera del Mediterraneo, de Lapedusa, de los discuros de Donald Trump y todos tienen un mismo hilo conductor. 

Pienso en París y recuerdo a la familia Bush y a Osama Bin Laden. El pensamiento vuela de Nueva York a Atocha a Londres y también a Nigeria a Siria a Nianmar, a Teheran, a Ciudad Juárez, a la periferia de Wahington, D.C. Las armas capturan mi atención.

Pienso en París y me pregunto, ¿dónde consiguieron las armas los que ayer causaron tanto dolor? ¿Quién se las vendió? Y a ellos, ¿también les dolerá la consciencia? Claro que de entender, entiendo. Claro que eso no significa estar de acuerdo. Claro que sería mejor indagar quién se beneficia con estos sucesos. Claro que sería mejor acabar con tantas armas. 

  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: