Una pausa en Cataluña 

Las prisas por la independencia catalana se toparon con la cordura. En un segundo intento por conservar la investidura de presidente de la Generalitat, Artur Mas ha fracasado. Al parecer los catalanes han decidido que si la desconexión se va a dar, no será el proyecto de una persona, sino una decisión de conjunto. Gana la prudencia. El tiempo y los cambios que vendrán en los próximos meses obrarán a favor de la cautela y de caminos más convenientes para españoles y catalanes.

Sin Mas en el escenario y muy seguramente sin Rajoy en la Moncloa, el panorama luce favorecedor para ambas partes. La teoría de negociación advierte que cuando los acuerdos se convierten en desacuerdos y las discrepancias crecen; cuando las desavenencias se vuelven peligrosas y las necedades prevalecen, es tiempo de cambiar de actores. En una negociación los protagonismos sobran. Parece que así se entendió en Cataluña y decidieron apartar a Artur Mas. 

La desconexión de Cataluña se ve complicada si se hace a la brava y sin corrección. A Europa no le gustan los que desobedecen la ley y todo se puede lograr dialogando. Los gritos han reflejado, más que ánimos caldeados, falta de argumentos. No podemos dejar de ver que hay muchos que apoyan la independencia pero hay muchos que están en contra. A la distancia que da un océano, eso resulta  tan claro.

Más allá de razones históricas, están el presente y el futuro de esa región. Hace falta hacer una pausa y analizar, en frío, las ventajas y desventajas que conlleva estar sin el yugo de la Corona española. Entiendo el peso que esto representa para un sector republicano cargar un símbolo que ni es suyo, ni les aporta nada, ni les resulta querido. Liberarse del gasto que representa mantener a una familia señalada por el dedo de Dios para tener sangre azul, cuando la evidencia dice que es roja y ellos son ateos, resulta sumamente atractivo, pero no es suficiente.

Incluso, un golpe de timón, un movimiento drástico le complicaría la cida a los independentistas. ¿Con qué pasaporte viajarían, qué utilizarían como DNI, quién expediría sus licencias de conducir? ¿Estarán preparados para enfrentar esos gastos? La cotidianidad se volvería más cara y sabemos que los catalanes son frugales y les choca eso de abrir la billetera sin razones contundentes. ¿Pueden los catalanes asumir el gasto de un Estado independiente? ¿Están preparados para afrontar la administración de un gobierno que se desconecta de España y de Europa?

Para lograr  un análisis objetivo, hay que echar un paso atrás. En la línea de golpeo, sólo se ven los pleitos. A la distancia se gana perspectiva. La prudencia avanza una casilla. Si los peleoneros se bajan del ring, es probable que los relevos de las partes vengan con buena voluntad y con la intención de sentarse a negociar.

Una pausa al negociar implica una oportunidad para hacer las cosas mejor. Tal vez, sin loa ánimos tan caldeados se puedan ver las verdaderas razones que cada parte tiene para proponer su postura. Abajo la necedad, es tiempo de privilegiar la prudencia.

  

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