Lo que pasó en Santa Fe

Claro, ahora todos nos llevamos las manos a la boca para abogar el grito de indignación pero, la verdad, muchos sabíamos que Santa Fe pasó de ser un basurero a la zona más moderna de la Ciudad de México. De repente dejó de ser un lugar de minas para convertirse en el último grito de la moda. Hubo tantos que miraron con anhelo aspiracional el rumbo del poniente de la Ciudad de México que hasta los que pensaban que esoera un contrasentido bajaron la guardia y se unieron alegremente al aplauso general. Sí, pero la naturaleza no reacciona en forma democrática ni responde al parecer de la mayoría. Además, tiene memoria.Entre el buen negocio y la falta de consciencia osciló el pendulo que marcó el desastre en Santa Fe. Hoy, lo de menos son los problemas de vialidiad, de movilidad, de falta de agua y de insuficiencia de servicios… el barrio se desgaja frente a ojos incrédulos que ven como sus casas caen arrasadas, cuando ayer eran condominios de lujo por los que se pagaron fortunas en dólares. 

Ahora los vecinos tienen miedo. El suelo se deshace bajo los pies, el anhelo es ya una pesadilla. De un día al otro se destapó la caja de las desgracias y Pandora hizo del rumbo su presa favorita. En un pestañeo se perdió casa, dinero y patrimonio. ¿Y los responsables? Ahora quieren que el pato lo paguen los constructores que se animaron a edificar en terrenos arenosos. Sí, claro. Pero no son los únicos responsables, de hecho, la autoridad que en vez de proteger se corrompió, es más que corresponsable.

¿Cuantos crímenes cometió la persona que firmó el premiso de construcción? ¿Cuántos el que autorizó un cambio de uso de suelo? Lo que pasó en Santa Fe es un triste reflejo de la corrupción de las autoridades del Distrito Federal. Aquí, delegados, responsables del crecimiento urbano y su ordenamiento tiene que hacerse responsables. La marca CDMX sufre un abollón.
No hay porqué confundirse, este no es un problema de un talud aislado que tuvo la mala idea de desmoronarse para afectar a gente rica. Es una afectación que abarca toda la zona de Santa Fe. Lo más fuerte de todo esto es que muchos ya lo sabían y aún asi firmaron permisos, aún así construyeron, aún así compararon. Lo peor es que la zona sigue plagada de proyectos de construcción, de planes para trasladar escuelas, universidades, tiendas, almacenes, edificios, de proyectos de desarrollo. 
¡Ay! Engañan y nos dejamos engañar hasta que la tierra, con la sabiduría de la naturaleza, dice ya basta. Los azotes de esta madre duelen. Lo que pasó en Santa Fe va a volver a suceder. Los terrenos tiene la memoria y la consciencia que a otros les sigue haciendo falta.
  

  
  

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