Un detalle del Chapo Guzmán

Alrededor de Joaquín Guzmán Loera hay una cortina de humo formada por una serie de adjetivos que nos hace difícil entender al personaje. Entre los narcocorridos que lo ensalzan, las declaraciones de  la brutalidad con que opera, la eficiencia de las operaciones de su organización, las fugas, su apariencia física, la lealtad de sus subalternos y tantas cosas, El Chapo surge y Guzmán Loera se esfuma. Estamos más impactados por los súperpoderes de esta figura que por lo que en realidad es este individuo.

Entre las sospechas de que en realidad El Chapo salió por la puerta grande del Penal de Almoloya, despidiéndose de mano y dando las gracias, como todo un caballero que acaba de cerrar un trato, hasta las versiones de un túnel construido en forma ultrasilenciosa, hay una leyenda en ciernes. Cada quien cree a este respecto, lo que mejor le acomoda. Ni las versiones oficiales ni las alegorías populares parecen tan ciertas. Y, luego, las filtraciones, los videos, los recorridos cuasi turísticos que se da a reporteros, nacionales y extranjeros, nublan peor el panorama.

Entre todo el torbellino que se causó desde que Joaquín Guzmán Loera se escapó de Puente Grande hasta la versión de las heridas en la pierna y en la cara porque ahora sí, ya merito lo volvemos a agarrar, un detalle captó mi atención. Sucede en el video que se ha dado a conocer recientemente, de los supuestos últimos minutos en los que El Chapo estuvo en la celda de Almoloya.

Entre un ruido infernal de una televisión a todo volúmen, unos tímidos martillazos,  aparece un sujeto que está recostado en una cama. Luego, esa persona se levanta, camina unos cuantos pasos, se desaparece por instantes, como si se agachara, vuelve a la cama y ¡estira las cobijas! ¡Se regresa a acomodar la cama! y luego desaparece para no regresar jamás.Nadie se ha dado cuenta de ello y tal vez sea una nimiedad pero quizás sea el reflejo de mucha información de esa persona.

¿Cuántas veces hemos escuchado la voz de una madre ordenando que el hijo tienda la cama? ¿Cuántas veces nos lo dijeron? ¿Cuántas lo hemos dicho nosotros mismos? ¿Cuántas hicimos caso o nos hicieron caso? Pero, Joaquín Guzmán Loera en uno de los momentos más apresurados de su vida, regreso a estirar las cobijas antes de huir de su celda. Sin urgencias ni atropellos, con calma que rayó en la parsimonia, regresó, tendió la cama y luego huyó. 

El orden de este proceso me pone la piel de gallina. ¿Quién es Joaquín Guzmán Loera? Los rasgos de personalidad se revelan en los momentos de mayor celeridad. Ver la actuación de una persona en momentos de extrema tensión es gozar del privilegio de analizar una especie de radiografía. Aquí no hay opiniones, puntos de vista o pareceres, son datos duros. Las imágenes están ahí y han sido vistas por el mundo entero. El señor Guzmán se asomó al hoyo y en vez de brincar y desaparecer, regresó a tender la cama y dejar las cosas arregladas. ¡Qué miedo!, ¿no?

  

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