Leon Golub: Bite your tongue

La exposición que alberga el Museo Rufino Tamayo de León Golub, Bite your tongue, es sobredogedora. Este pintor norteamericano tiene una forma muy impactante de hacer del pincel y la pintura un medio para la crítica. Pararse frente a uno de sus lienzos causa una sensación de desasosiego y de indignación. No todo lo que sucede en tierras norteamericanas son un sieño convertido en realidad, también hay pesadillas.

Todo el peso de la crítica cae sobre los hombros del visitante a la exposición. La vejación, el sometimiento, la hipocresía, los rostros descarnados de quienes hacen el mal a sus semejantes, mientras otros prefieren hacerse disimulados, taparse los oídos y mirar para otro lado.

Golub con un ojo muy agudo, fija en los lienzos, algunos de ellos razgados, discontinuos, fragmentados, el desacuerdo en las formas utilizadas por Estados Unidos para meter la nariz en conflictos que no eran suyos. Esta exposición del pintor figurativo estadounidense destaca los aspectos clave su obra  desde la década de 1950 hasta su muerte en 2004. A lo largo de su carrera, Golub se basó en  la idea de que el arte debe ser socialmente relevante. Sus obras son lienzos de gran formato y de una profundidad psicológica y evocadora retoman una y otra vez los temas de opresión, violencia y abuso de poder.

En los primeros lienzos que el visitante se topa en la exposición, Golub es muy específco, trata los problemas de Panamá o Afganistán, en los últimos su crítica es más universal, su atención se centra en los dolores de la Humanidad causados por el Ser Humano.  El mas impactante refleja a un encajuelado en el momento en que su verdugo va a jalar el gatillo. La cara de la víctima no se ve, se tapa con la figura del cuerpo de su victimario quien el ese momento está volteando a otro lado. Como si no quisiera ver lo que está a punto de hacer, como si no quisiera ser descubierto. La cobardía se desborda del cuadro.

Sus cuadros se pueblan de armas, rifles, cuerdas, de rostros atrapados en momentos reveladores de lo que una persona tiene dentro, de seres descarnados que enfrentan a sus víctimas dolorosas. Salí del Tamayo con el corazón en el puño. Si Golub pensó que el arte había de ser para denunciar, para conmover, para detener al mundo y jalar su atención en eso que le quita al Hombre la piel y lo deshumaniza, fue eficiente en su quehacer.  Al menos conmigo lo logró.

  

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