Bodo

Como muchos fines de semana, Andrea llega, temprano en la mañana y me plantea planes irresistibles. El de hoy fue ir al Museo Rufino Tamayo a ver la exposición de León Golub: Bite your tongue. No imaginé lo que estaba a punto de pasar.

Estacionamos el coche en el Club Asturiano y caminamos por el Paseo de la Reforma. Íbamos muy contentas, pasamos por las rejas del Museo de Antropología, vimos a los Voladores de Papantla girar por los cielos y aproximarse a la tierra. Mientras nos dirigíamos a las puertas del Tamayo, nos dimos cuenta de que había mucha gente.

Estaban entregando los números para una carrera de diez kilómetros y había muchos puestos ambulantes que vendían calcetas, sudaderas, pantalones y todo tipo de artilugios para correr. Curioseábamos, nos deteníamos a preguntar por qué había tanta gente, cuando Dany lo vió.

Un pequeño perrito de nariz puntiaguda, de orejas en forma de triangulos muy grandes, patas muy cortas estaba amarrado a un bote de basura. ¿Es de usted?, le preguntó Dany. No, una señora y su niño vinieron y lo dejaron ahí amarrado desde muy temprano. Aquí lo abandonaron. A lo mejor al rato vuelven por él, les dije a mis hijas que me miraban con ojos de gelatina.

Entramos a ver la exposición de Golub y salí con el corazón en el puño. El efecto que ese norteamericano tiene para hacer una crítica feroz sobre la política estadounidense a través de un pincel es prodigiosa. Caminamos despacio y con cierto desasosiego. Andrea miraba de soslayo a Dany y yo me hacía la disimulada. Sabía y ellas también.

Claro, ahí seguía el perrito, amarrado al basurero y la señora del puesto ya estaba recogiendo sus cosas. El animalito estaba echado, como en forma de medio círculo, las orejas gachas y los ojitos llenos de miedo. ¿Se lo va a llevar?, le preguntó Dany. No, mijita, no puedo. El animalito vio su oportunidad y se acercó a mis hijas con movimientos muy lentos. 

Pues, sí. Ahora se llama Bodo y a partir de hoy vive en mi casa. Mis hijas no pudieron dejarlo ahí, amarrado a un basurero y yo no tuve corazón para decirles que no lo podíamos adoptar. El veterinario nos dice que es un chihuahueño de pelo largo, que tiene como seis meses y que está desnutrido pero sano. 

¡Ay, Dios! Mi casa cada vez se transforma en un arca de Noé mas poblada. Cuando Carlos lo vio sonrió enternecido. Luego, al conocer la historia se puso serio, ¿cómo puede alguien dejar así a un animalito? ¿Cómo puede ser que amarres a tu perrito y lo dejes en medio del Bosque de Chapultepec, así a su suerte?

Bodo tuvo suerte, por la mañana estaba amarrado a un bote de basura y por la noche ya tiene camita, collar con cascabel, dos gatitas que lo ven con cierto recelo, una perrita que lo recibió agitando la cola y una familia que ya le dio la bienvenida. 

     

 

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Rebeca robles
    Oct 10, 2015 @ 23:14:39

    Bodo estaba en el lugar y momento perfecto por algo lo llevaron justo hoy. Que gran corazón que no lo dejaron a su suerte.

    Responder

  2. Ana María Carrillo Cázares.
    Oct 11, 2015 @ 10:33:52

    Hola Ceci, que hermosa manera de escribir hasta esto tan sencillo del perrito, adoptado felicidades x el nuevo integrante y x ser quien eres ……y esa escrito maravillosa que eres. Dios te siga bendiciendo.

    Responder

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