Diversiones el Altiplano

Hasta donde yo me quedé, el penal del Altiplano era de alta seguridad. Claro que después de lo del Chapo, las cosas han cambiado mucho. Antes, cuando este penal se llamaba Almoloya, hasta la gente del pueblo se sentía afectada y resentía el nombre: se les relacionaba con el espacio al que iban a dar los delincuentes más malos, los ladrones más codiciosos, los matones más crueles, es decir, lo peor de lo peor. Los mas peligrosos se encerraban ahí. Tanto así, que los habitantes del pueblo se organizaron para solicitar que le cambiaran el nombre y pasó de ser Almoloya al Altiplano. 

Por años nos hicieron creer que ese penal era una fortaleza infranqueable a la que sólo determinados funcionarios tendrían acceso y nos hicieron fantasear en lo que sucedería ahí adentro. Nos imaginábamos una especie de Alcatraz de última generación o de un Sing Sing remasterizado. Pero el Chapo nos destruyó la fantasía y nos avisó que hay puertas más grandes que las de los penales de Jalisco. Fue despedazar el sueño de un búnker como el de la Feme Nikita en México. 

Por si fuera poco y por si no hubiéramos aprendido la lección con Florence Cassez, ahora resulta que esto del entretenimiento le gusta a los funcionarios que deberían estar velando por nuestra seguridad. Me escandalicé cuando vi a Adela Micha con Monte Alejandro Rubido en la supuesta celda del Chapo. Pensé que como este hombre ya se iba, como ya sabía que lo iban a correr, pues se animó a darles más motivos y metió a Televisa hasta la cocina. Pensé que eso no volvería a sucedería jamás.

Ahora me desayuno con que en la primera plana del periódico madrileño El País se revela que ellos también tuvieron acceso a la celda de Joaquín Guzmán Loera. En un reportaje dan cuenta de las condiciones del lugar.  Parece que las puertas del penal de alta seguridad más importante de México resultaron tan grandes y tan abiertas que ahora le damos la bienvenida a cualquiera. En el desastre del sistema penitenciario, tal vez los funcionarios decidieron cambiar de giro, ahora en vez de Penal de Alta Seguridad se imaginan que se trata de una atracción.

Claro, una atracción reservada a unos cuantos. No es para cualquiera, hay que ser una celebridad del mundo del espectáculo para acceder. Pronto veremos fotos de Niurka Marcos o de Paquita la del Barrio posando desde la famosísima celda. ¿Cómo no? ¿Quién no quisiera gozar de estos privilegios? Así se forjan las leyendas, así todos quieren ver el lugar donde vivía Pablo Escobar o el espacio que ocupaba Al Capone. ¿Cómo no publicitar a nuestra propia atracción? 

El Penal del Altiplano se convierte en algo mucho más rentable, es lógico. Si ya probó ser un fiasco como cárcel de alta seguridad, hay que transformarlo en algo que si sirva, en un modelo de negocios que está funcionando, creo que no falta mucho para ser un centro de diversiones. Así, puede que los habitantes de Almoloya quieran regresarle el nombre. ¿O no?

  

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