Fotógrafos

Siempre he pensado en que el poder del obturador radica en la oportunidad. El ojo atento, la mirada fina y la sensibilidad del que toma una fotografía le dan al mundo, manda con una imagen, lo que a otros nos lleva varias palabras. En ocasiones, esa lámina transforma las percepciones con mayor eficiencia que muchos discursos. 

No, no me refiero a las cientos de miles de selfies que se suben a la red con un afán egolatra, ni las de la comida que inundan el espacio virtual, ni las de viajes que en general, muestran lo hermosos que nos creemos, lo sibaritas que nos decimos y lo felices que demostramos ser. Tampoco a las de los paparazzi que captan a algún famoso en circunstancias no controladas. Me refiero a esas que un fotógrafo capta en cierto momento para enviar un mensaje.

Ver la fotografía de Marilyn Monroe leyendo a James Joyce nos indica mucho más que todo lo que se ha dicho de ella. No hay duda. Ver a Fidel Castro platicando cordialmente con un Papa le saca las turcas de su lugar al más listo. Tampoco me refiero a esas, ni a los paisajes, ni a las que revelan los defectos de ciertas modelos que posaron voluntariamente. No.

Me refiero a esas fotos que incluso han ganado premios prominentes. Pienso en esa fotografía en la que el fotógrafo capta el instante en que un niño es devorado por un león o esas estampas en las que aparecen niños africanos con el vientre abultado por los parásitos que los invaden o esos cadáveres en los campos de guerra o esa mujer que pide limosna afuera de una iglesia o ese niño angustiado que grita y estira los brazos al ser separado de su madre o ese hombre desnudo a punto de ser quemado en leña verde culpable de tener un color distinto de piel. 

Hablo de esas fotos de lágrimas que provocan que el observador sienta un nudo en la garganta. Me refiero a esas imagenes poderosas que conmueven hasta a las piedras y que transmiten un discurso más efectivo que el de cualquier político, intelectual o líder religioso. Aquellas que pueden echar abajo discursos xenófobos, populistas, oportunistas, en fin falsos. Sí, Kodak tenía razón, una imagen vale más que mil palabras, aunque estas sean dichas con el corazón. 

Dice Eduardo Caccia que ciertos fotógrafos provocan con su trabajo exclamaciones o silencios con el que comprendemos cientos de palabras sin pronunciarlas. Al oprimir el obturador, un fotógrafo tiene la capacidad de reunir los sentimientos de un planeta en un instante. 

Sí, sin embargo, a veces me pregunto si ciertas imágenes que conmueven carecen de elementos éticos. ¿No debió ese fotógrafo guardar la cámara y tratar de salvar al niño de ser tragado por un león? ¿No debió de abstenerse ese hombre de fotografiar a ese hombre desnudo en el moude vejación? ¿Qué pasa con el respeto que se le debe al Ser Humano que mira la lente en un momento de aflicción? ¿Nos toca recordar así a esas personas?

No sé. Tengo mis dudas. No estoy segura si la cámara debe salir en cualquier momento, en toda circunstancia y en cada lugar. No lo creo. La fotografía de Aylan Kurdi ha dado la vuelta al mundo. Muchos han opinado y muchas más han hecho consciencia de lo que es el fenómeno migratorio, de la guerra en Siria, del horror humano y de la insensibilidad gracias a esa imagen. Sin embargo, creo que hay fotografías que no se debieron tomar jamás. 

Son más los que vieron la fotografía que los que conocen el nombre de este pequeñito turco de tres años.

En fin, siempre he pensado que el poder del obturador radica en la oportunidad en el ojo atento, la mirada fina y la sensibilidad del que toma una fotografía que le da la vuelta al mundo. En eso precisamente, en la sensibilidad del que dispara. En la sensibilidad. 

  

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Maria Isabel Ordoñez
    Sep 15, 2015 @ 10:33:03

    Tema álgido que tiene que ver con la ética. Una diatriba entre: estoy siendo egoista al tomar la foto para hacerme de fama a costa de una situación trágica? Por otro lado, es esta la manera de que el mundo reaccione ante tanta inhumanidad? Solo quien tomó la foto quizás lo sabe y siente. Cada uno lo verá desde su interior y la foto le dirá su propia realidad, no la del fotógrafo.

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