Muchas preguntas, malas respuestas

El caso Ayotzinapa me genera muchas preguntas que tienen malas respuestas. Ahora, después de informe internacional, son cada vez más las dudas y las evidencias de las malas respuestas.  Desde un principio, no me queda claro qué estaban haciendo estos estudiantes tan lejos de su casa, tampoco entiendo las razones de su muerte. Sé que a estas alturas es políticamente incorrecto recordar que estos muchachos no andaban rezando el rosario, andaban secuestrando camiones. Pero, la verdad lisa y llana es que eso hacían. ¿Por qué la correcion le gana la carrera a la verdad? ¿Cuál verdad? ¿Por qué todos ven tan normal que jóvenes anden robando autobuses y quemándolos? 
Se tiende una nube de humo sobre la forma crónologica en que sucedieron los hechos, imagino que se quiere proteger a alguien y me figuro que ese alguien es el ejército. ¿No habría sido más fácil justificar una acción violenta revelando lo que estos chicos estaban provocando? Desde ese simple hecho, explicar claramente por qué estos normalistas dejaron Ayotzinapa para ir a Iguala, hay mucha turbiedad. ¿Qué andaban haciendo tan lejos? Más aún, ¿por qué los mataron?, ¿los mataron?, ¿qué pasó en realidad?
Tampoco entiendo como la izquierda, léase PRD y Morena, ahora tienen la piel tan delgada y reclaman el esclarecimiento del caso, cuando estos partidos eran uno mismo al llevar a la Presidencia Municipl de Iguala al principal implicado. Ni hablar de Ángel Aguirre, gobernador en funciones en los tiempos del desaguisado. ¿Cómo se atreven? Le endosan el problema que ellos generaron al gobierno federal, gritan en contra del presidente, se lavan las manos y se olvidan de su parte de responsabilidad. No hay que olvidar que Andrés Manuel López Obrador dio el espaldarazo al Alcalde de Ayotzinapa y hay evidencia gráfica que lo confirma. Decir que él se toma fotos con mucha gente no es pretexto. ¿Entonces? Nos enfrentamos a malas respuestas.
Peores respuestas dió la Procuraduría General de la República. Atraen el caso, pudiendo haber dejado a la autoridad estatal que se hiciera bolas y se evidenciará esa y muchas más de sus ineficiencias, ese y muchos más de sus cochupos. Pero en vez de lucirse y embarrarle en la cara el barro de la ineficiencia, son ellos los que quedan embarrados. Un soberbio Murillo Karam sale a dar una explicación terrible, manchada de rojo y, según los científicos, inverosímil. ¿Por qué lo hizo? Cierra el caso decretando que esa es la verdad histórica, se confunde de tiempos y piensa que su voz es ley. Abusa retando la inteligencia del pueblo. ¿Para qué?, ¿imaginó que dando carpetazo al asunto todo quedaría olvidado? Peores respuestas. La administración de Peña sigue sin darse cuenta de la dignidad de callarse y guardar silencio cuando no hay algo bueno que decir.
En la búsqueda de estos muchachos, nos enteramos que el subsuelo mexicano es una inmensa fosa común. La peor de las preguntas sigue sin respuesta. ¿Quiénes son todas esas personas? ¿Qué les pasó? ¿Cómo se llaman? ¿Qué hicieron para que los mataran y terminaran enterrados sin nombre? ¿Por que nadie habla de ellos?

¿Por qué nos mienten?

En medio del escándalo, en un escenario en el que nadie sabe y nadie supo, hay muchas preguntas que nadie quiere contestar y cuando lo hacen, dan muy malas respuestas.

  
  

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