El día del presidente

Antes, el día del Informe Presidencial, el Jefe del Ejecutivo asistía a la sede del Congreso y desde la tribuna máxima de la Nación daba cuentas del desempeño de su gestión a lo largo de un año. Durante el priato, ese fue el día del presidente. Con una democracia sui generis, con cámaras arrodilladas a la voluntad presidencial y con un pueblo al que le tocaba apechugar la única opción, el 1 de septiembre era la fiesta del Señor Presidente.

Aplausos, paseillos, caras de complacencia, besamanos, sí, señor, cómo no, señor, lo que diga, señor… Eran lo esperado cada primero de septiembre, después de escuchar o ver por television un discurso aburrido con cifras interminables, incomprensibles, fastidiosas. Hubo de todo, mentiras, lágrimas, buenas intenciones, falsas promesas, expropiaciones, de todo. Hubo tiempos en los que el Informe daba miedo porque el Presidente aprovechaba para dar noticias incómodas y terribles para el pueblo. Los aplausos se escuchaban cada que el presidente terminaba de leer un párrafo y sonreía muy complacido.   Y después el papel picado, el festejo, la banda de guerra, el recorrido en auto descapotable hasta Palacio Nacional, el banquete y la veneración a la persona más aplaudida del país. La conexion con los resultados era lo de menos.

Pero, los tiempos cambiaron y al Presidente de la Madrid le tocó la primera interpelación. Porfirio Múñoz Ledo, gritó en  plena lectura a voz en cuello: Pido la palabra. Por primera vez, un Presidente dejaba de leer el Informe, ante la sopresa propia y de los asistentes y el nerviosismo de todos. De ahí en adelante, Salinas, Zedillo y Fox padecerían el primero de septiembre el ir al recinto camaral, sufir desprecios, gritos e improperios que rayaron en faltas de respeto, hasta terminar con el improperio de la toma de posesión de Felipe Calderón. Fue rudeza innecesaria.

Dos cosas quedaron claras, el formato estaba desgastado y el Presidente no era bienvenido en el Palacio Legislativo. Al principio daba risa ver las interpelaciones a la figura presidencial, sin embargo, los excesos fueron dejando de ser chistosos y pasaron a ser indignantes. Poco faltó para que el Presidente fuera agarrado a jitomatazos y los niveles de la vida democrtica perdieron altura.

Se decidió entregar el Informe por escrito, incluso mandarlo con un propio y luego dar un mensaje a la nación desde los Pinos con todo controlado y sin gritos ni aventones. Sin embargo, la aspiración siempre ha sido que el Presidente dialogue de cara a la Nación con diputados y senadores. No se ha encontrado un formato adecuado. La altura de miras de partidos gobernantes y oposición no alcanza el nivel de civilidad. 

Lo que hoy tenemos está peor que lo que teníamos. El día del Presidente se pasó del 1 al 2 de septiembre, pero ahora el Presidente no se toma la molestía de asistir a la sede camaral, ¿para qué, ahí no me tratan bien? Tiene razón. Sin embargo, el actual formato está de terror. Ayer, Enrique Peña Nieto se encarnó en López Portillo, dió el discurso más largo de su sexenio y a cada pausa lo llenaban de aplausos, haciendólo creer que el México de ensueño que informaba existía más allá de la fantasía, que era verdad.

  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: