Somos baratos

¡Ay, Dios! ¿Cuándo entenderemos que el silencio nos ofrece un refugio espléndido cuando no tenemos algo bueno que decir? La cotización del tipo de cambio rebasó la banda de los diecisiete pesos por dólar y el Banco de México tuvo que agarrar a billetazos al mercado para que las aguas regresaran a sus cauces. En eso se nos están yendo las reservas que tanto trabajo costó forjar.

No, no todo es culpa del Señor Presidente. Él ni tiene la culpa del desplome del precio del petróleo, ni fue su responsabilidad la devaluación del yuan, ni los dispendios de algunos países de ultramar, ni el populismo de Tsipras, ni la migración, ni el fenómeno del Niño. No, nada de eso estuvo dentro de su albedrío. 

Pero hay muchas cosas que sí están en su ámbito de gestión y yo lo veo muy institucional, esperando, tal vez, al primero de septiembre para festejar el día del presidente cortando cabezas. Porque, ni modo que El Chapo se haya salido solo, o la Sección 22 actúe por su cuenta, o los actos de corrupción se cometan por generación espontánea. 

La gente de a pie ya no ve lo duro, sino lo tupido. Nos cuentan que la tasa de desempleo va a la baja y yo sigo viendo a muchos desempleados, que va a haber apoyo a los emprendedores y sigo viendo una cantidad de trámites que lo único que fomentan son la corrupción en vez de alentar la producción, que la educación va a ser prioridad y veo a los encargados de despacho como aletrgados.

Los mexicanos esperamos que el Jefe del Ejecutivo salga a informarnos cómo le va a hacer para recomponer este escenario sombrío. Ni modos, él no hizo este tiradero pero le toca recoger los platos rotos. ¿Ya se le olvidó que para eso fue votado?

La gente está enojada. El presidente tiene niveles de aceptación bajísimos y su esposa le cae mal a todo el mundo. El gabinete no opera y encima de todo, Enrique Peña Nieto sale a decir que la devaluación del peso no es tan mala. Ahora se promoverá el turismo y la exportación. O sea que al señor presidente le gustó decir que somos baratos.

En serio, a veces el silencio es un gran tesoro. Si estas son las declaraciones con las que un líder quiere consolar a su pueblo, cuando debería de estar consolidándolo —eso fue lo que prometió— seria mejor que no dijera nada. En verdad, como decía mi abuelita, calladito se vería más bonito.

  

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