Cuadrimotos en la playa

Los días de verano encuentran miles de formas para dar cauce a la diversión. Ir a la playa a pasar el día parece una buena idea. Los toldos en El Revolcadero son la estampa de la diversidad, familias que llevan a la abuelita a pasear, madres que van con niños chiquitos a jugar con la arena, chicas esculturales que van a lucir el bikini, chicos que van a ver bikinis, madrugadores que corren a todo lo largo, surfistas que llegan con las tablas para dejarse llevar por las olas y cada grupo tiene sus propias formas de querer sacar el mayor provecho de los rayos de sol.

Los niños pequeños van con palas y cubetas a construir castillos de arena y las nenas que apenas están aprendiando a caminar van de la mano de sus madres a mojarse la punta del dedito gordo mientras los jóvenes rentan jet skies, se suben a la banana y pagan por un paseo en cuadrimoto. No hay nada más peligroso que el caos que se provoca cuando nadie pone orden a la gente que se quiere divertir. 

Los palaperos venden cocos con ginebra, cervezas,tequilas derechos o en margarita, piñas coladas, chamoyadas o lo que el cliente pida y el barman pueda preparar. Los deportes acuáticos se promocionan y la renta de cuatrimotos es libre. Nadie verifica si quienes van a subirse al triciclo todoterreno tienen la edad para hacerlo o si  son aptos para manejarlo. El estado etílico, la edad, la pericia y todas esas minucias son lo de menos, lo importante es  divertirse.

Por ahí una melena rubia de agita con la brisa del mar mientras va por la arena a toda velocidad. Las risas exageradas y la torpeza en el manubrio se subordinan a la diversión. Treinta kilómetros por hora es mucho a la hora de sortear a la viejita que camina tan lento, la mamá que cuida criaturas, al corredor que va concentrado en el ejecricio y conectado a los audífonos, al nene que hace castillos. Pasar a milímetros de esa pequeña que se suelta de la mano y corre rumbo al mar es lo de menos. Lo importante es divertirse.

Mas allá otra melena de intenso color negro juega carreras con otros que también traen cuatrimotos. Los conductores son muy jóvenes, no tienen más de quince años. Uno de ellos no parece ser ni de de diez, lleva atrás a un chiquito que no rebasa los dos años. ¿Cuántos accidentes se evitaron ayer gracias a la casualidad? Estamos a la espera de una tragedia, en cualquier momento nos enteraremos de que un conductor de cuatrimoto aventó a un viejito, lastimó a un pequeño o se llevó entre las ruedas a alguien. En cualquier momento nos enteraremos de que ese conductor iba intoxicado o que tenía menos de trece años de edad.

¿Dónde están las autoridades para poner orden? La Playa del Revolcadero, una de las más populares  y concurridas en Acapulco es un reflejo del desorden que nadie quiere ver. Estamos esperando que pase la tragedia para tapar el pozo. ¿Y si en vez de hacer eso, si en vez de esperar a que brote sangre y haya una desgracia las autoridades ponen manos a la obra? 

Urge.

Ayer varios viejitos, niños, madres salvaron el pellejo por obra y gracia de la casualidad. Tal vez hoy no haya tanta suerte.

  

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