Primas

Las tradiciones se forman con varios ingredientes, el principal es el cariño, luego si se le añade la emoción de recuerdos antiguos y la voluntad para forjar nuevos, la receta cuaja mejor. Desde hace tres años, mis primas y yo reservamos una semana en el verano para reunirnos en Acapulco. Desde luego, el entrono ayuda a que las pláticas se prolonguen sin la restricción del minutero, a que las risas broten en forma ligera y a que las anécdotas  cobren vida.

Estos días escuché nombres de personas que estaban tan empolvados en el recuerdo que más bien estaban en el olvido, hice memoria de los juegos de infancia, de los juguetes con los que nos entreteníamos, de las travesuras y de los regaños, de otras playas y otras vacaciones en las que estaban mis papás, mis tíos, mis otras primas. Cuando todas eramos hijas y pedíamos permiso para todo, especialmente para meternos a nadar, cuando preguntábamos a cada tres minutos ¿ya nos,podemos meter a la aberca? Y la respuesta era no, acabas de comer y si te metes de va a dar una congestión. Tenían que pasar dos horas por lo menos para no terminar con laboca  torcida, o eso nos decían. 

Recordamos los sabores de las papas fritas de la plaza con salsa Maga, del ate con guayaba, del pay helado de limón, el olor al aceite de coco, al pescado a la talla, a las tortillitas de comal recién hechecitas y oimos a Luis Miguel, a Los Hombres G, a Mijares, a Emmanuel, a Flans y hasta Yuri se coló en el repertorio. El Verano Peligroso al que le cantó Alejandra Guzmán se convirtió en el riesgo de morir por un retortijón prococado por tanta risa.

Cada verano desde hace tres, nos reunimos también para actualizarnos y ponernos al corriente de quiénes somos, cuáles son nuestros  motivos de risa, qué nos arrebata las carcajadas, qué nos hace enojar, cuáles temas nos resultan delicados y cuáles merecen un abrazo de consuelo. Nos reunimos en torno a la mesa y nos rodeamos de nuestras hijas que tambien, como nosotras, están forjando recuerdos y estan tejiendo esos lazos de cariño. 

Cada año, por esta época, recibo a mis primas con esa ilusión que provoca volverlas a ver. Siempre tengo ganas de detener las manecillas del reloj y estirar el tiempo lo más posible. Pero los minutos por más que se alarguen se van rapidísimo. Siempre es igual, apenas las estoy recibiendo y ya las veo partir, una semana se va de volada. Sí. Lo cierto es que en una semana caben tantos buenos momentos que cada año nos hacemos la promesa de reencontrarnos el siguiente verano. Así sea.

  
  

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Maricris
    Jul 26, 2015 @ 12:05:16

    no hay duda de que la familia es el lazo más importante en nuestras vidas… Yo tambien me reuno con mis primas cada martes… Es algo maravilloso poorque en esas pláticas se desgranan muchas cosas…. hijos.. nietos…. nuevas y buenas noticias… tristezas… etc etc.. que bueno que lo procuran…

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