Museo de Memoria y Tolerancia

Ayer visité el Museo de Memoria y Tolerancia. Fue un ejercicio duro y también enriquecedor. Por lo general, los museos muestran la parte brillante del ser humano. Se exhiben las hermosuras que pueden salir de la mano de un artista, admiramos los trazos de una pintura, los avances de civilizaciones pasadas, las notas musicales que se fijaron en un pentagrama, los edificios, monumentos, esculturas, los adelantos científicos. Por eso es todo un choque enfrentarse a la parte oscura del Hombre.

Los crímenes de la Humanidad contra sí misma enchinan la piel, revuelven el estómago, dejan perplejo al visitante. Entonces, ¿por qué visitar un lugar en el que se exhibe el horror y la crueldad que un hombre perpetra en contra un semejante? Es verdad, en el Museo de Memoria y Tolerancia no vamos tras el placer estético, vamos a que se abra el corazón. La búsqueda, en todo caso, es a favor de la empatía.

Hoy, en este momento, mientras lees estás líneas, un niño está siendo abusado, una mujer está siendo maltratada, un hombre está siendo despreciado ¿por? Por su condición. Así de fuerte y así de estúpido. Rechazamos al diferente porque no es como nosotros. Porque no tiene mi tono de piel, mis preferencias, mis oportunidades. El rechazo engendra violencia. De la violencia germinan los actos más detestables y por los que la Humanidad debe avergonzarse.

¿Por qué ir al Museo de Memoria y Tolerancia? Para que no se repitan esas atrocidades y principalmente, para no ser parte de esas brutalidades. Para entender que yo puedo ser parte de la monstruosidad y que puedo estar colocada en cualquiera de los dos lados. Puedo sufrir el desenfreno del desprecio o puedo ser parte de la crueldad sin límites. Ninguna de las dos posturas me gusta.

Después de ir al Museo, de ver un vagón polaco que tenía como destino final Auschwitz, de sentir el tunel de libertad, de ver fotos de víctimas, de escuchar las voces de Hitler y Matin Luther King, entiendo que la bondad y el amor que deberían ser inherentes al hombre, en ocasiones fatales, han sido ahogados por el odio y la indiferencia, por la estupidez. Las salas abundan en el genocidio judio y en la cicatriz del Holocausto. Me hubiera gustado ver más salas sobre el camino de los migrantes, sobre el maltrato a indigenas, sobre los problemas en territorio nacional.

Es importante advertir que la visita nomes recomendada para niños pequeños. Hay fotos explícitas de muerte, vejación, tortura y abuso. Las peores pesadillas están expuestas con la intención de dejar huella y memoria histórica. En cambio, para jóvenes y adolescentes la visita puede ser enriquecedora. Mientras más temprano formemos consciencia, mejor.

Al salir, uno se pregunta ¿cómo hemos sido capaces de llegar a la Luna, de vencer enfermedades, de correr mas rápido que el sónido y no hemos logrado ver igual a nuestro semejante? Por eso, al salir de Museo de Memoria y Tolerancia hice un compromiso. Escribir estas líneas. Buscar que la visita no sea sólo una sensación pasajera, sino ir detrás de una reflexión de largo aliento que promueva la empatía con el distinto y recuerde que el Hombre también es capaz de generar oscuridad.

Visitar el Museo de Memoria y Tolerancia es el primer paso de muchos que hay que dar para generar la consciencia que nos lleve a vivir en un mundo más amable y, por lo tanto, mejor

  

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