Ser maestro

Ser maestro es un llamado que llega al corazón y que no puede ser desoído. Es el gusto que se siente por pararse frente a una audiencia para compartir. Es prepararse todos los días para entregar algo que sea útil. Es dar herramientas. Es aceptar el reto de tocar con la vida propia, la de alguien más. Sí, también es desafiar la indiferencia, la distracción y el desinterés. Es darle batalla a la ignorancia e intentar vencer la brecha que hace diferentes a los que saben y a los que no.  Es decir, ser maestro es algo similar a subirte sobre Rocinante y empuñar la lanza para vencer gigantes que se convierten en molinos de un momento a otro.

Un maestro es como un detective que es capaz de descifrar el misterio del que hoy no entendió la clase, del que aparentemente estaba poniendo atención y tenía la mente en otro lado, del que está enfadado de escuchar que no se puede, del que vive subido en las nubes, del que cree que todo se logra sin esfuerzos, del que todo lo tiene o del que piensa que ya todo está perdido. 

El que toma el gis en la mano sabe que, igual que un capitán de barco, tendrá que tener el pulso para llevar a la tripulación a buen puerto a pesar de las tormentas. Sabe que, como el buen agricultor, deberá tener paciencia para que la semilla sembrada germine. Es más, algunas veces no logrará ver los frutos y deberá confiar en el terreno en el que plantó buena simiente. 

Un maestro es quien sabe impulsar el éxito y quien descubre las herramientas que cada uno tiene para conseguirlo. Es quien dirige y sugiere. ¿Cuántos maestros han descubierto talentos en algún alumno que ni si quiera él mismo había descubierto? ¿Cuántas historias de profesores que dieron buenos consejos que impulsaron triunfos? ¿Cuántos, por su influencia, generaron sueños e ilusiones? ¿Cuántos los rompieron en mil pedazos con insensibilidad, egoísmo o flojera?

El magisterio no es para cualquiera. Es para los que quieren escuchar, poner atención, compartir y construír. Es para los que entienden que el abismo de desigualdad que existe entre el hombre más rico del mundo y la persona que no tiene que comer, se llena en las aulas. La solución a la pobreza alimentaria, y a las divisiones de la Humanidad se encuentran en las aulas. Es para quienes quieren encontrar realización en el salón de clases, en rosolver dudas y en plantear preguntas. Es para los que se sorprendenden con los que tienen mejores respuestas que las que uno tiene y reconocen superioridad. Es para aprender, enseñando.

Por eso, con profundo agradecimiento, recuerdo a mis maestras y profesores. A Miss Úrsula Tommasi y a Rubén Sanabria que forjaron en mi alma la vocacion que sostiene y apasiona mi alma. Por eso, con profundo agradecimiento, recuerdo a mis alumnos que han sido el motivo de tanta satisfacción y luz para la vida. Por eso, elevo la mirada al cielo y doy las gracias. Porque Dios siempre ha elegido para mi, de entre los buenos, a los mejores. Sí, tuve a los mejores profesores y tengo a los mejores alumnos del mundo. ¡Bendito sea Dios por eso!

¡Felicidades, maestros!

  

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Vìctor Hugo Reyes Ramos
    May 15, 2015 @ 08:45:08

    ¡¡Radiografía de una mentora!!, en ocasiones subida sobre Rocinante, en ocasiones urgando en el inmaginario para descubrir talento, siempre abriendo surcos y sembrando conocimiento. ¡¡Mis felicitaciones, maestra Durán Mena!!

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