El acuerdo 696

El acuerdo 696 de la Ley General de Educación establece en su artículo 50 los métodos y formas de evaluación a los educandos de grados básicos. Hace referencia a la medición, en lo individual, de los conocimientos, las habilidades, las destrezas y del logro de los propósitos establecidos en el plan y los programas de estudio. O sea, de las calificaciones que reflejan el desempeño académico de los estudiantes. 
 Este acuerdo, publicado en el 2013, busca que la evaluación permanente y continua permita al docente orientar a los alumnos durante su proceso de aprendizaje y además, asignar calificaciones parciales y finales conforme a su aprovechamiento. Bajo esta premisa, el 17 de agosto de 2012, se establecen normas generales para la evaluación, acreditación, promoción y certificación en la educación básica. Se hace énfasis en la tarea de orientación que el maestro debe dar al alumno. Busca un equilibrio de fuerzas entre la jerarquía del maestro y el estado de subordinación del alumno y, en términos generales, dice que si un alumno tiene una califiación reprobatoria, el acuerdo le da derecho a que le repitan el examen. Es decir, da una oportunidad.

Muchos, entre ellos directores de escuelas muy prestigiadas, han puesto el grito en el cielo, se han desgarrado las vestiduras y entre gritos de escándalo levantan el dedo y sentencían que ese es un acuerdo que va en contra de la calidad educativa, que abona a la flojera de los alumnos y que primueve la cultura del no importa, hay otra oportunidad. A muchas escuelas particulares, no les gusta el acuerdo 696.

Sin embargo, hay que irnos con pies de plomo. No hay que olvidar que  las mejores prácticas en materia de evaluación de aprendizaje  han determinado implementar un modelo de evaluación que considere lo cualitativo y lo cuantitativo, es decir, que describa los logros y dificultades de los alumnos a la vez que asigne una calificación numérica. Lo que se refleja en la boleta, tiene dos elementos, el trabajo y el examen y ambos dan un número. El modelo al que hace referencia el acuerdo 696 concibe a la evaluación como parte del proceso de estudio y se apoya fuertemente en la observación y el registro de información por parte del docente, durante el desarrollo de las actividades, lo cual implica:

           a)Que el docente planifique actividades para que los alumnos estudien y aprendan;

b)    Que los alumnos se den cuenta de lo que han aprendido y de lo que están por aprender;
c)    Que se tomen en cuenta los procesos de aprendizaje, no sólo los resultados;
d)    Que se consideren las necesidades específicas de los alumnos y de los contextos en los que se desarrollan;
e)    Que la información sobre el desempeño de los alumnos se obtenga de distintas fuentes, no sólo de las pruebas;
f)     Que se fortalezca la colaboración entre docentes, alumnos, padres de familia o tutores, y
g)    Que se actúe oportunamente para evitar el rezago o la deserción escolar.
El acuerdo 696 promueve una educación más moderna y equilibrada que esté al pendiente de los alumnos como personas, no como números de lista. ¿Cuántas veces presentamos un examen y nos quedamos con la mente en blanco, sin poder reglejar lo que en verdad sabíamos porque nos dolía el estómago o traíamos apachurrado el corazón? ¿Cuántas veces los alumnos pasan porque copiaron o porque le cayeron bien al maestro?
El número en la boleta de calificaciones puede ser injusto, y, estoy de acuerdo, que hasta ahora sigue siendo la forma más justa de evaluar el desempeño escolar. Sí, sin embargo, yo aplaudo que los chicos cuenten con una oportinudad de arreglar sus notas. Lo malo es que este acuerdo no cuenta con mucha difusión. Las escuelas ni quieren darlo a conocer, sea por razones académicas o porque se pierden la cuota del examen extraordinario. Hay que darlo a conocer.
Si un niño o un joven tiene una calificación reporbatoria en cualquiera de los bimestres, tiene derecho a que le repitan el examen y mejore su calificación. Si le va bien, puede evitar irse a examen extraordinario. Si le va bien, puede continuar sus estudios en forma regular.
México necesita dar oportunidades, no limitarlas. Además, no es criterio de las autoridades escolares, es un acuerdo presidencial, es un derecho que otorga la ley. Nadie lo debe negar.
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