La frivolidad se vende barato

La calidad de frivolo se la gana una persona por lo superficial de sus propuestas o la falta de seriedad de sus posturas. No se trata de abordar los grandes temas, o de citar autores famosos. No. Se puede ser frivolo hablando de Jacques Derridá, citando a Platón o invocando el libro de Sabiduría y no serlo hablando de la cotidianidad que se forja en la cocina. La intrascendencia no se oculta detrás de una postura ni con palabras que suenen elegantes. Eso tiene la validez del que cambia espejitos por collares de oro. 

Lo primero sería conocer los significados, pasar a entender y al final proponer. El proceso es sencillo. La cuestión es que hay gente que tiende cortinas de humo y pretende brincarse los pasos para llegar al resultado o quiere ahorrárselos para llegar a la meta. En ocasiones, estos personajes logran obnubilar la razón de quienes los escuchan. Por desgracia, ese tipo de frivolidad es cada vez más frecuente. Los niveles de superficialidad que vemos en gobernantes, aspirantes a piestos de elección popular, funcionarios, es alarmante.

Pareciera que la frivolidad nos la pueden vender facilmente. Les resulta tan sencillo abrir la boca y señalar yerros ajenos, ubicarse en la zona del hartazgo, enarbolar la bandera de la necesidad de cambio y sentir que el trabajo ya está listo. No, faltan las planteamientos que incluyan los ejes de acción, los procesos de resolución, los caminos que se piensan recorrer. Aún situados ahí, todavía no hemos completado la tarea. Falta asegurar la transparencia, la ausencia de intereses ajenos al bien público y un plan en el que se de certeza de cómo se llegará a las meta. 

Pero, la frivolidad se vende barato y se compra con alegría. Montados en el hartazgo y en la evidencia de la necesidad de cambio, nos dejamos encandilar por el reflejo que dan palabras airadas y no nos detenemos a valorar la profundidad de lo que se nos dice. Las palabras tienen lamaltura del quicio de la banqueta, pero creemos que hay quienes sí se van a enrollar en la bandera nacional y saltar en favor de la patria. 

Lo malo es que ni así nos dicen cómo. Me gustaría ver compromisos sencillos. ¿Qué pasará con las cuestiones diarias que podrían transformar la vida en algo mejor? Me encataría ver como, en concreto, piensan hacer grandes cosas, si las pequeñas no se logran ver. No alcanzan las palabras elegantes ni los discursos airados. La frvolidad prevalece. 

  

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