El verdadero problema del INE

¿Es posible jugar un partido de futbol sin arbitros? Sí, claro que es posible. Entonces, ¿para qué se necesitan? Para que el partido se desempeñe conforme a las reglas y que el resultado sea obtenido por los méritos, preparación y habilidad de los participantes y no por el desaseo de los jugadores. Un árbitro debe cuidar la limpieza y la equidad de las condiciones del partido, pero de que se puede jugar sin ellos, se puede. La consecuencia es caer en la tentación del atajo, de la trampa y de la suciedad. Sin árbitro, esas prácticas quedan al juicio de las partes y,en última instancia, el tramposo será relegado pues nadie querrá jugar con él. 

La democracia es similar a un partido de futbol, sin embargo, no es una cascarita llanera. El acto de elegir a servidores por medio del voto, implica una serie de procedimientos que deben ser vigilados, regulados, transparentados ya que en ello va el destino de los pueblos. Las consecuencias del juego democrático van más allá de un marcador, por ello, un árbitro que cuide las formas y que garantice la limpieza es indispensable.

En México, estos árbitros salen muy caros. Los mexicanos hemos querido pagar ese precio para garantizar que el voto sea respetado. De las autoridades electorales hemos visto de todo, los que son verdaderos ejemplos y los que han sido títeres al servicio de manos ocultas, o de intenciones que de tan visibles, se vuelven cínicas. Lo curioso es ver como hoy esos árbitros se quieren desmarcar de su actividad principal y dejarle a las partes actuantes la responsabilidad que ellos deberían asumir.

En el tema del Partido Verde Ecologista, que ha violado sistematicamente las reglas electorales, que ha traspasado los niveles de decencia en forma reiterada, que se ha convertido en una figura de vergüenza democrática, el Instituto Nacional Electoral decide ignorar las reglas y dejarle a las urnas la posibilidad de castigo a un partido que hace trampa en todo momento y en todo lugar. La ilegalidad del Partido Verde ni es secreto ni es novedad, sus engaños han sido señalados y ha recibido pequeñas sanciones. Son pequeñas porque el verdadero castigo sería quitarle el registro a este, evidente, negocio familiar que pagamos todos los mexicanos, que ha servido para enriquecer a unos cuantos y que viola y se burla hasta el cansancio de la autoridad.

¿Qué pasa en un partido de futbol cuando un jugador se burla del árbitro? Le sacan la tarjeta roja. Pero aquí el árbitro no quiere expulsar al jugador, quiere que seamos los electores los que nos encarguemos de hacer la tarea que les corresponde. Entonces, me pregunto, ¿para qué están ellos ahí? De que sirve el dineral que sale del bolsillo de cada mexicano y se les entrega a ellos. Recorde os, de que se puede jugar sin árbitros, se puede, con más ganas si la garantía de limpieza, transparencia y respeto de las reglas no se está dando. Lo malo es que la intención de voto por el Partido Verde sigue creciendo. Nos meten goles gracias a que el árbitro está distraido, o se hace el desentendido. Dejar que en las urnas se repliegue al tramposo es muy arriesgado.

El juego democrático a diferencia de un partido de futbol es que el resultado en las urnas nos afecta a mucha gente. El riesgo es que ante la tibieza del arbitraje, otros empiecen a doblar las reglas y entonces la democracia mexicana se vuelva una cascarita llanera de dado cargado. Ese es el verdadero problema del INE.

  

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