El Chicharo en el pastel

Para cerrar con broche de oro, Dany quería ver jugar al Real Madrid en el Bernabéu. No se iba a poder. Desde antes había consultado la página del equipo y, aunque era un partido poco importante, todo estaba vendido. Ni modo, a veces no se puede tener todo. Pero, a veces sí.

En el desayunador del hotel, un grupo de señores mexicanos que vinieron en grupo a celebrar que todos son abuelos, estaban felices de la vida contando chistes y echando relajo. De repente, llegó uno de ellos y anunció: está hecho, conseguí boletos para el partido de hoy. De inmediato, paramos la oreja y les pregunté cómo lo hicieron. ¡Ay, hija! No hay nada que un buen concierge no pueda resolver. Efectivamente, el señor tenía la voz llena de razón. Daniel nos consiguió boletos en la zona blanca, fila trece en el Bernabéu. Casi nos toca más cerca del campo que a los jugadores.

Yo no sé nada de futbol, pero Dany tenía una sonrisa más grande que todo el estadio. Eso es suficiente. Además Ancelloti sorprendió alineando al Chicharito. Benzema se quedó en la banca. Salieron al terreno de juego luciendo la camiseta rosa y empezaron a calentar, luego se cambiaron por la merengue. Dany me explicaba todo. Mientras el árbitro y los capitanes de los equipos se tomaban la foto oficial, el Chicharo se puso de rodillas en medio del campo. Cuando salió CR7 el estadio se cayó en aplausos.

El ambiente en el estadio estaba como las gradas, a tope. Familias, parejas, abuelos y nietos, madres e hijas estábamos sentados en un día soleado, aunque por cierto, a nosotros nos tocó sombra y un poco de techo. Cristiano Ronaldo anotó en primer gol y el Chicharo con un cabezaso metió el segundo del partido, su primero en el Santiago Bernabéu y el cuarto con el equipo. La gente se paró del asiento y lo ovacionó con mucho gusto. Ancelloti le dio la oportunidad y el chico la supo aprovechar, decía la experta que se sentó detrás de nosotros, una señora que tiene un abono en el estadio, y los de al lado  coincidían. ¡Qué no se regrese al Manchester!, decía el perito en futbol de apenas siete años.

En el segundo tiempo comenzó el chubasco. No me quiero ir, me dijo Dany y aguantamos las gotas de agua con un estoicismo ejemplar. ¡Hala, Madrid! Varios intentos del Chicharo y Cristiano jugando justo enfrente de nosotras. Gol de Jesé. 3-0 fue el marcador final. … Y nada más, y nada más. Hala, Madrid. El grito que aprendí, Madrid, Madrid. hala Madrid.  Y mi hija no se llevó la cereza del pastel, fue el Chicharo del juego. Vio ganar a su equipo favorito y el Chicharito anotó. 

Es cierto, a veces no se puede tener todo en la vida, pero a veces sí.

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