Agradecer

Mi amiga Bibiana me enseñó este dicho que es una máxima de vida: Es de bien nacidos ser agradecidos. Dar las gracias no es sólo muestra de buenos modales, es una seña de crianza. El agradecimiento no se enseña en los colegios y todavía no sé de ninguna universidad que tenga matriculada esa materia. Ojala hubiera, hace falta.

Mostrar gratitud es tener un sentimiento noble para una persona o institución que tuvo la grandeza de compartir algo, sea tiempo o conocimiento, o bien que dio una oportunidad, o que sencillamente, mostró generosidad. El problema con el agradecimiento es que resulta escaso. En cambio, la soberbia es una moneda de uso común.

Dejamos de agradecer los detalles más sencillos, como que alguien nos abra la puerta o que nos ceda el paso y terminamos dando por sentada la puerta que se abrió para un trabajo, para conseguir algo anhelado, para tener algo que faltaba. La soberbia indica que como todo lo merecemos, ni siquiera se nos enciende el foco de que hay que dar gracias.

La cotidianidad nos vuelve desagradecidos, nos acostumbramos a los detalles y dejamos de darles importancia. Entre las turbulencias dirias, las prisas y los egos crecidos, dejamos de ver que hubo alguien que nos dio la mano para llegar a donde estamos, que hubo una persona que nos invitó a pasar, que nos enseñó  algo, que nos acunó, que nos cuidó la espalda y dejamos pasar la oportunidad de dar las gracias.

El peor de los desagradecimientos es el olvido. ¿Cuántas personas hemos dejado en el camino sin darles reconocimiento? Es verdad, en ocasiones ni siquiera queriendo hemos podido dar las gracias. Cuando eso sucede, lo mejor es corresponder siguiendo el ejemplo. Si nos fue imposible pronunciar la palabra mágica a quien debíamos, hágamoslo con alguien más. Tendamos la mano, abramos puertas, invitemos a pasar. Esa también es una forma de agradecimiento.

Lo increíble del agradecimiento es la forma misteriosa que tiene de engrandecer el alma. El agradecido se encuentra en un círculo que impulsa y que crea sinergias. Tiende los puentes que el soberbio destruye, amarra las alianzas que el envidioso desató, llama a los buenos augurios que el malvado alejo y enciende las buenas voluntades que el traidor apagó. 

Sí, no hay duda. El agradecimiento es una seña  de identidad. Es de bien nacidos ser agradecidos.



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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. marisolgomezg
    Mar 11, 2015 @ 13:25:13

    Gracias por recordarnos a este gran valor. Besos

    Responder

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