Amparo

Hoy Madrid respira menos, no hay duda. España se encogió las primeras horas del día, las calles de Chueca se sienten más vacías y en la Gran Vía se abrió un hueco, no en el pavimento, en lo más profundo. Amparo, mi amiga, se fue luchando. Se despidió de la misma forma en que llevó la vida, sin bajar los brazos y con la mirada en alto. A simple vista, parece que el cáncer ganó la batalla. No. Ganó la vida. Esa en la que se quedan sus risas, su fuerza y su gran capacidad de lucha. Ella cruzó el umbral entre la tierra y el cielo de pie. Ese es el más grande triunfo que puede tener el ser humano, la forma en que decidimos salir. Ella decidió irse entre sonrisas y de buen  humor.  

Amparo no se asustó ante la sentencia que recibió hace meses, ni se empequeñeció ante lo que había de venir. Sucedió todo lo contrario. Con valentía se tomó los días por su cuenta, cada vez que hablé con ella, sus palabras fueron de entusiasmo, inyectaban esperanza. Como suele suceder, ella lucía más serena que los que la escuchábamos hablar. Esa fortaleza es su legado.

La recordaré subiendo a la Piramide del Sol con los ojos encendidos, o extasiada contemplando la Bahía de Acapulco y diciendome que sí, que era la más linda del mundo, o a carcajada limpia al ver que mi padre le quitaba la cáscara a las naranjas de Valencia y luego me las daba. ¡Cómo se reía de mí!  La evocaré en ese lugar en el que Hemingway escribía sus notas de la Guerra Española, haciendo del trabajo duro y limpio su mejor bandera. Me acordaré siempre de su voz. Echaré de menos los abrazos y el cariño. ¿Quién me va a consentir ahora en las mañanas madrileñas?

Me hará falta al comer un plato de Paella, al tomar un vaso de sidra, al entrar a España, al pisar Madrid, al pensar en Vicalvaro, al ver a Irene, su mejor reflejo y su mayor orgullo. La distancia es cruel, México y la capital española están tan lejos. Sin embargo, mis suspiros se escuchan en piso madrileño y el abrazo que quiero dar traspasa el océano y corre con velocidad a estrechar a la única hija de Amparo.  

No se deberían ir amigas. No se nos deberían adelantar. Hay espacios que nunca se rellenan y ausencias que no se podrán sustituir. Amparo es referente, no hay forma de que piense en Madrid sin evocar su rostro, sin escuchar su voz. No la habra. ¡Buen viaje, querida amiga! Nos vemos en el cielo.

 

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Maricris
    Mar 06, 2015 @ 13:27:18

    Hola Cecilia es mi segunda incursión en LAS VENTANAS DE CECILIA… Y con respecto a esa enfermedad que nos lleva a las personas que queremos.. bueno que te puedo decir .. Mi madre se fué hace casi 11 años por lo mismo… Entiendo tu sentir….. Muchas gracias!!

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