Adicciones pediátricas

Las adicciones pediátricas son las que se presentan en personas con menos de trece años de edad. En México van en aumento. El mito de que éramos territorio de tránsito y que los vicios pasaban de largo en el espacio nacional se rompe con las cifras dadas a conocer por la Secretaría de Salud. Las adicciones crecen y lo hacen con más velocidad en los sectores de mayor vulnerabilidad.
Escucho con preocupación que uno de los segmentos de la población más seriamente afectado es el que aún siendo niño, se siente en el umbral de la adolescencia y caen en la tentación de probar sustancias intoxicantes. Hay prisa por crecer y por demostrar que ya son grandes. Los chicos empiezan a fumar tabaco tan pronto como a los ocho años, a ingerir alcohol entre los doce y trece años y a usar marihuana antes de los trece. El problema se extiende en la mayoría de los estados de la República y no es exclusivo de género o condición social .
Este rompecabezas es preocupante por la velocidad con la que crece y a quienes afecta. Corrompe a la base de la sociedad, al simiente más preciado que son los niños. María del Carmen Fernández Cáceres, Directora General de los Centros de Integración Juvenil, alerta de la gravedad del problema. Los jóvenes están consumiendo cada vez más y cada vez más pronto. La pregunta es ¿cómo le hacen estos chicos para conseguir cigarros, alcohol o marihuana? ¿Qué no es ilegal la venta de tabaco y bebidas alcohólicas a menores? ¿Que no es ilegal el comercio de marihuana?
Para dimensionar la magnitud del problema basta echarle un ojo a las fiestas y reuniones de adolescentes. Siempre hay alcohol y cigarros, por lo menos. En muchos casos, las botellas y las cajetillas entran con el consentimiento de los padres. La justificación es que si no hay nada de tomar, los jóvenes no van. Se les olvida que dar alcohol a menores, sin el consentimiento de sus padres, es ilegal.
También hay casos en los que los padres no ofrecen alcohol ni cigarros en sus fiestas. Entonces, suceden una de dos cosas, o no van o van y meten las botellas a escondidas. Los chicos llegan a las reuniones con alcohol que se roban de sus casas, o que consiguen antes de llegar a la fiesta. Esto pasa con criaturas de primero de secundaria, mocosos que todavía juegan a la pelota y niñas que peinan a sus muñecas pero que también quieren hacer lo mismo que los grandes.
Hay veces, como sucedió el fin de semana pasado, en que el padre amoroso deja a su muchachito en la puerta de la casa de la reunión de una familia conocida y vigilante. Se va con la confianza de que su hijo estará a salvo y cuidado. Lo que no se imagina es que su pequeñito ya organizó una colecta entre los más avispados, que juntó para comprar botellas de ron, que se salió de la casa para ir a la ventanita de la esquina para traer alcohol. Ni siquiera pasa por su mente que el frutito de sus entrañas será asaltado antes de llegar a la tienda, le quitarán el dinero, lo propinarán una golpiza, le romperán la nariz y se lo devolverán semi-inconsciente.
Todo pasó en un lapso de cuarenta y cinco minutos. Los anfitriones ni se enteraron de lo que ocurría hasta que los padres del golpeado llegaron a reclamar. Los señores de la fiesta se quejan de que el papá jamás le entregó al niño. Lo dejó en la puerta y se arrancó sin verificar que el chico entrara a la casa. Ninguna familia de los chicos que estaban ahí se imaginó lo que iba a suceder.
Armando Ahued, Secretario de Salud de la Ciudad de México, reporta que los embarazos infantiles se conciben, en la mayoría de los casos, cuando las niñas están tan intoxicadas por el alcohol que ni cuenta se dan de lo que les pasa, ni tienen idea de con quién engendraron un hijo.
Los adolescentes están tomando a muy temprana edad. Meten alcohol a las escuelas en las cantimploras que las madres llenaron con limonada antes de llevarlos a clase. Llegan alcoholizados a casa, con cinco o seis tragos encima. No se trata de escandalizarse pero no es una travesura, es un problema de salud nacional.
Sabemos que los adolescentes son rebeldes y que son inteligentes. Como no son tontos, hay que alertarlos de los peligros de salud y seguridad que corren al tratar de apresurar la vida. Beber, intoxicarse, consumir es peligroso a cualquier edad, en la adolescencia, más. En la niñez, peor.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Danilo
    Feb 19, 2015 @ 16:43:28

    Tal vez faltó señalar los tampones empapados en alcohol…¡Sí en alcohol! y luego insertados en la vagina o el ano. Producen embriagues; pero no aliento alcohólico.

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