El amor por un proyecto

El amor por un proyecto debe ser similar a la pasión que se despierta entre un hombre y una mujer, si no, no vale la pena emprender. Es preciso estar perdidamente enamorado de la idea de ponerla en marcha, concretarla y hacerla realidad porque hay muchos baches en el camino y múltiples obstáculos que se deben sortear. Si no hay ese arrobamiento al emprender, será como salir a una gran travesía con el tanque de gasolina medio lleno. Nos quedaremos a la mitad.
Cualquier razón para apasionarse por un proyecto es buena, aquí no cabe el escrúpulo de decir que estamos enamorados por dinero. Esa sería una estupenda razón para buscarlo y concretarlo. Es más, esa debe ser una razón toral para perseguirlo, si no hay dinero, es difícil. Sería como correr en círculos sin llegar a ningún lado.
Sin embargo, no es la única. El proyecto debe gustarnos, nos debe resultar atractivo, tanto que estemos pensando a diario en él. En cómo dejarlo mejor, cómo encaminarlo, cómo hacerlo más atrayente, como posicionarlo mejor, cómo hacer notar sus cualidades y cómo destacar la ventaja comparativa y competitiva que tiene.
También, debe caernos bien, nos debe resultar simpático, nos debe parecer divertido para que cuando estemos operando la idea, estemos gozando de lo lindo y tengamos la sensación de no querer estar en otro lado.
Es un arrobamiento tal el que necesitamos, que nos lleve a la ternura, que nos mueva verlo crecer y dar frutos. Que sintamos el orgullo de arropar su desarrollo y contribuir a su fortalecimiento. Que anhelemos decir ¡mira que grande se ha puesto y qué guapo!
Todo eso es preciso porque el que emprende va a desempeñar mil batallas, muchas serán como estrellarse contra molinos de viento, otras como cruzar lagunas en la barca de Caronte, o de sentir que duermes con el enemigo. En ocasiones los que tienden manos las quitan para que la caída sea más estrepitosa y los que dicen ayudar llevan sus propios intereses.
No importa. Valen las penas. Emprender es un camino difícil y en México la cosa se complica con tanta corrupción, tanto envidioso y tanto flojo que quiere impedir el desarrollo del país. Pero, cuidado. Emprender no es para todos. Se requiere de un enamorado, con cierta vena de caballero andante y, por lo tanto, algo de locura para entrar en un camino mágico que hace de los sueños, realidades.
Cómo me gustaría decir que mi patria allana el camino para emprender. Con un sinsentido absoluto, muchos emprendedores se quedan a su suerte, amparados únicamente por esas ganas de llevar a cano el proyecto. Pero, no. Hay quienes dicen que sólo los valientes le entran. Tal vez, yo creo más en un amor apasionado por la idea. Ese que consigue recursos donde no hay, que salta obstáculos y vence en las batallas.
En el amor se sufre, en el emprendimiento también. Pero hay quienes son capaces de matar dragones por un beso. También están los que son capaces de arriesgarse por el sueño de ver el día en que se abrirá la cortina de un negocio y se echará a andar la rueda productiva.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Carlos Fischer Cetina
    Feb 11, 2015 @ 07:16:48

    Mi Gog, que así sea…! Que Dios nos guíe y ns proteja para que Xibalu sea una realidad y podamos cortar ése listoncito que pusiste en la foto del artículo!!! El Gog.

    Responder

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