De política o futbol

Ya sabemos que hay tres temas de los que no se debe hablar si no se quiere sacar chispas: religión, política y futbol. Por supuesto, estos tres temas son la fórmula más sencilla para causar escándalos y llamar la atención. El efecto se potencializa cuando algunos de estos tres elementos se revuelven. Por eso, la noticia de que Cuauhtémoc Blanco, conocidísimo y queridísimo astro del deporte, se postula como alcalde de Cuernavaca sacó centellas de todos colores.
La pregunta obligada es ¿qué sabe Cuauhtémoc Blanco de los oficios que implica despachar como presidente municipal de una ciudad como Cuernavaca? La capital de Morelos es una ciudad compleja, en ella conviven los habitantes propios de la demarcación, los que tienen allá sus casas de descanso, los turistas, es la sede de uno de los órganos descentralizados del gobierno federal con mayor poder y presupuesto: Capufe, hay problemas de delincuencia que son profundos y el secuestro, aunque dicen que ha bajado, sigue siendo una práctica común. ¿El futbolista tiene las habilidades para mantener la armonía entre tantos estratos tan disímbolos y con intereses tan diferentes o sólo sabe de meter goles?
¿Por qué un partido postula a un hombre que se jacta de que nunca a votado ni tiene pensado hacerlo? Fácil, porque quiere llamar la atención. El Partido Social Demócrata sabe que al arropar al futbolista más querido de México va a llamar la atención y eso es lo que quiere un partido pequeño y local, darse a conocer. Vaya si lo ha logrado.
Pero, fuera máscaras. Blanco no es la persona ideal para ser alcalde de ningún municipio, menos de uno tan importante como Cuernavaca, no parece tener la preparación, ni la visión para enfrentar semejante responsabilidad. Pero los partidos políticos hacen uso de estos personajes para ganar espacios. Al final, lo que quieren es un candidato popular, no uno apto. Eso es la democracia, llevar al poder al que el pueblo ama, al que prefiere, con el que se identifica. Y ahí, Cuauhtémoc cumple. Si fuera una aristocracia, es decir, el gobierno de los mejores (aristos=mejor), entonces Blanco no calificaría por ningún lado. ¿Qué queremos los electores simpatía o pericia?
Lo curioso es que el tema va a seguir dando tela de donde cortar. La Federación Mexicana de Futbol ya le dijo, o pides votos o anotas goles, las dos cosas no se pueden. Y no se pueden por una sencilla razón, los afiliados al organismo tienen un código de ética que los compromete a ser neutrales en asuntos de carácter político y religioso. ¡Santo cielo! ¿Se acordara el Cuau que firmó ese documento?
¡Vaya! Miren de dónde salió la cordura, por dónde vino un aire de razón. Por fin hubo quien se diera cuenta que mezclar asuntos de política y futbol no es buena idea. ¿Con quién se irá Cuauhtémoc Blanco, con melón o con sandía?

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Vìctor Hugo Reyes Ramos
    Ene 24, 2015 @ 11:02:07

    Para Polibio, historiador griego cuyo aporte desde la clase gobernante aún es considerado hoy en diversas disciplinas como la ciencia política y las relaciones internacionales, las formas puras de gobierno responden a ciclos de esplendor y decadencia que generan a su vez nuevas formas de gobierno. Así, la monarquía se corrompe y se transforma en tiranía, hasta que el declive de ésta da lugar a la aristocracia: el gobierno de los mejores. Al corromperse la aristocracia muta a oligarquía, y ésta se sustituye por democracia, que al degenerar en la ilegalidad se transforma en oclocracia: el gobierno brutal de las masas, de la muchedumbre. Para evitar estos ciclos, Polibio propone tomar las virtudes de cada una para incrementar su calidad. Michelangelo Bovero, teórico contemporáneo, tratando de explicar la política actual, propone lo contrario, en lugar de tomar lo mejor de cada forma de gobierno, se tome lo peor; no las virtudes de las formas de gobierno rectas, sino los vicios de sus correspondientes formas corruptas. A ésta amalgama propone catalogarla con el antónimo de aristocracia (el gobierno de los mejores): Kakistocracia, el gobierno de los peores. Es probable que nos encontremos ante tal situación, con políticos de poca monta, instituciones corruptas y pervertidas, procesos viciados, fusiones entre el poder público y el poder económico y el dominio de intereses de grupo (delincuencia), sobre el interés colectivo.

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