Cada que pienso en ti.

Cada que pienso en ti, hijita querida, no puedo más que sorprenderme. El tiempo ha pasado muy rápido. De repente caigo en el error de creer que fue ayer que te tenía en los brazos. Han pasado diecisiete años y cada uno ha sido mejor que el otro.
Cada cumpleaños me hace recordar lo maravilloso que ha sido tenerte, lo hermosa que naciste y lo linda que te veías cuando como un barquito tambaleante te atrevías a dar los primeros pasos. Hoy tus pasos son firmes y la ternura automática que se despertó en mi corazón se mezcla con un amor tan grande que no me cabe en el cuerpo. Me siento tan orgullosa.
Quisiera tener la oportunidad de atisbar por un hoyito que me permitiera ver el futuro, me gustaría saber lo que ha de venir. No puedo. Entonces, fantaseo. Pero la experiencia me ha dicho que siempre has superado lo que yo construyo con la imaginación.
Así sucedió cuando te vi por primera vez, así es cada mañana cuando abro los ojos y eres lo primero que veo, así será siempre. Si cuando te recibí de manos de las enfermeras y te abracé, con tanta emoción, me hubieran dicho la complicidad que llegaríamos a tener, nunca hubiera creído tanta belleza. Ni hablar del cariño que te tengo que crece vertiginosamente por segundos.
Sí, he sido afortunada. Bendecida desde el cielo con tu mirada, con tus palabras, con tu talento, con tu consuelo, con tus abrazos. Contigo. Por ello, cuando pienso en ese futuro brillante que te espera, que te deseo, sé que me quedo corta. Sé que la realidad se superará por tus hechos. Sé que tus pasos serán más firmes, más seguros, más contundentes, más largos y mil veces mejores que los que a mí se me ocurren.
Recuerdo una fotografía que te tomaron en el jardín de niños. En la imagen apareces concentrada trazando letras con una crayola. Usabas el uniforme de tu escuelita y eras un pedacito de cielo. También te recuerdo presentando un libro, el tuyo, en Madrid. ¡Cómo haz crecido, hijita!
Cada que pienso en ti , el corazón se hace grande y miro al cielo agradecida por la bendición que tu padre y yo recibimos hace diecisiete años. Cada uno mejor que el anterior.
Cada que pienso en ti, pido por ángeles que te cuiden a cada paso, por santos que te acompañen en la vida, por protección de la Madre del Cielo y por que el Salvador te inserte en su corazón y la Luz del Espíritu iluminen tu camino. Si lo hago cuando pienso en ti, la intensidad gana potencia hoy que es tu cumpleaños.
¡Feliz cumpleaños, Ann!

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