Mirar cortito

La brecha que existe entre el ser y el deber ser es muy ancha, ya lo sabemos. Es más grande la que se forja entre los anhelos y la realidad si llenamos ese espacio de angustia y preocupación. El peor remedio es la parálisis, sin embargo, ante los pronósticos de tanto sabio que anda por ahí, a la luz de las cifras económicas y de las evidencias en política, seguridad, crecimiento y creación de empleo, es difícil no sentir miedo.
Nos petrificamos ante las dimensiones de los problemas generales, ¿quién puede con estos niveles de corrupción, con tanta violencia, con la discriminación, con el ébola y la chicunguña? En una maraña inmensa es complicado encontrarle la punta a la hebra. Escuchamos en las conversaciones lo mal que van las cosas y lo peor que se van a poner. Sin embargo, los restaurantes están llenos, los aeropuertos a reventar y en los cines hay que hacer cola. Hay mucha gente muriéndose de risa y disfrutando la vida.
Es verdad, hay pobreza extrema, alimentaria. La gasolina subió de precio y la cotización del barril de petróleo va a la baja. Las reformas no han provocado para México el atractivo esperado, en Estados Unidos las cifras de crecimiento no mejoran y Europa lucha por sobreponerse. La migración avanza y los migrantes la pasan mal. Sí, es cierto.
No puedo afinar en concierto mundial, no está en mi mano componer las cifras macroeconómicas. No tengo a Rocinante para ir a perseguir molinos de viento. Es más, si los miro bien, causan terror y me dejan temblando.
Pero si en vez de mirar el gran bosque me dedico a ver mi pedazo de tierra, la cosa cambia. En mi terreno, donde las cosas me son conocidas y mi gente querida, es más sencillo moverme con confianza.
Tomar el manubrio y emprender un gran camino es posible si miramos cortito. No se trata de ser corto de miras, se trata de medir distancias y lograr avances. Ni Roma se construyó en un día, ni Agustín logró meter el mar en un hoyito.
Si veo la inmensidad del océano, me pierdo en sus dimensiones, me desvanezco en la contemplación. Pero si logro poner un poco de agua dulce en el hueco de las manos, es posible saciar la sed.
La brecha entre el deber ser y lo que es empieza cuando las expectativas sobrepasan nuestras posibilidades. ¿Para qué quiero luchar con un elefante? Mejor, en corto, comienzo la batalla conmigo misma aniquilando mis propios monstruos.
Mirar cortito, medir mis fuerzas en particular y avanzar suena como una buen punto de referencia. Además, mirar cortito afina la puntería.

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