Decidiste estar en el Tepeyac

Decidiste, Virgen buena, bajar de los cielos a dejarnos un regalo en el Tepeyac. No has hecho cosa igual con ningún otro pueblo. Te quedaste entre nosotros, no sólo en la venerada imagen del ayate, sino en la potencia del consuelo que nos da verte. Desde hace años diste instrucciones para que se te edificara una casa en la que te pudiera ir a visitar el que quisiera. No hay otro requisito para entrar que el querer ir. Cada año somos más los que te vamos a ver, los que a tus pies vamos a dejar nuestras penas, alegrías, juramentos, anécdotas y motivos de agradecimiento.
Nos acogemos a esas palabras que le dijiste a Juan Diego: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? Las hacemos nuestras y te sentimos eso, una madre cariñosa que esta ahí, lista para recibir a esa muchedumbre de hijos que tú acoges bajo ese manto poderoso y protector.
Virgen venerable, virgen laudable, estrella de la mañana, salud de los enfermos, consuelo de los afligidos, rosa mística, torre de David, arca de la alianza, todo eso que recitamos en el rosario, todo eso y más eres para nosotros, tus hijitos, como nos llamas cariñosamente, Así, en diminutivo. Así, como lo hacen las madres a diario. Y, nosotros que te queremos, nos acurrucamos en tu regazo y no dejamos proteger.
Dicen que bajaste a estar entre los pobres, yo creo que te quedaste en el Tepeyac para acompañar a los desvalidos. Bajo tu protección me he sentido menos vulnerable, en momentos de máxima debilidad, más contenta en los episodios buenos y mas confiada cuando he perdido el rumbo. A tu altar llegan lo mismo ricos que pobres, jóvenes que viejos, los que saben mucho y los que no tanto, luchadores, abogados, médicos, agricultores, de todos y de todo tipo de peregrinos.
Hoy, con la casa llena de flores y de hijos, debes estar muy contenta. Los peregrinos llegan al Tepeyac y entran a tu casa a entonar la mañanitas, a cantarte alabanzas, a demostrarte cariño.
Desde aquella hermosa mañana en que tú, guadalupana, bajaste al Tepeyac, nos tienes en el hueco de tu mano. Ahí es dónde quiero estar. ¡Feliz día, Viegen María de Guadalupe! ¡ Felicidades, Virgen del Tepeyac!

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